viernes, 13 de diciembre de 2013

Mateo 11,16-19

¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: 
'¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.

Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".




La sabiduría, lo que es, lo verdadero, no se equivoca. Hay algo en el corazón del hombre, una huella dejada por Dios como un gen puesto por el creador que nos dice desde el fondo de la conciencia, lo que es verdadero y justo. Lamentablemente está muchas veces velado por lo que rodea a nuestra conciencia y cada vez estamos más laxos en exigirnos, en vivir de acuerdo a la Palabra de Dios, incluso en saber  qué es lo verdadero y lo que no lo es.


Quizás deberíamos repetir insistentemente:
Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar; Valor para cambiar las cosas que puedo; y sabiduría para conocer la diferencia.


Porque muchas veces  confundimos lo esencial con lo accesorio, lo fundamental con lo circunstancial. Y una confusión muy grande es creer que lo circunstancial es fundamental, y se nos confunde el “tener” con el “ser” y nos perdemos… debemos dejar que la sabiduría actúe, que el Espíritu nos ilumine… siempre gana cuando uno abre el corazón.

Y para todos, hoy el evangelio nos invita a no poner tantas excusas en la hora de Dios. Parece que siempre debemos encontrar un pretexto para posponer un encuentro con el Señor: que el tiempo, que las ocupaciones, que los exámenes, que la profesión, que la Iglesia es así, que los curas pedófilos, que los corruptos que van a misa o al culto, y después son igual de malos, que el engaño de fulano de tal que me dio mal testimonio…

O que siempre le encontramos el defecto a todo con tal de borrarnos: sin es austero y serio: es aburrido, que si es divertido y lleno de música y sonrisa: son muy alterados y no van conmigo… si la Iglesia está llena de gente adulta: es muy aburrida cosa de “viejos”… si está llena de jóvenes: uh estos deben ser todos vagos… nada nos conforma o hay algo en nuestro interior que resiste al encuentro personal de Jesús.

Pero, como dice la Palabra: al final de todo gana la sabiduría, gana el Espíritu, gana el interior profundo que quiere encontrarse con el Dios de la vida…


Ojalá que no seamos nosotros los “excuseros”  que vivamos poniendo excusas al amor de Dios y tendamos la mano a ese Dios alegre y divertido, que conoce a todos porque está al lado, que es amigo, que viene a casa de uno y de otro, que se acerca como un hermano, porque quiere vernos felices.
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