miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mateo 11,28-30.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".


El yugo es un instrumento de madera al cual, formando yunta, se unen por el cuello las mulas, o por la cabeza o el cuello los bueyes. El efecto del yugo es unir estrechamente a dos seres vivos, haciéndolos compartir idéntica ruta y un mismo destino. La expresión viene del latín, "iugulus": garganta. De ahí las venas yugulares, a uno y otro lado del cuello…

El yugo del Señor es suave, no aprieta y lo que es importante que ese yugo Él, lo comparte con nosotros, compartiendo nuestra misma ruta, nuestra historia, nuestro camino. Es que sentimos que nos acompaña siempre, que nos hace el esfuerzo más liviano, que con Él, todo tiene sentido, todo tiene explicación. Es que cuando vamos con Él, la vida es más sencilla,
los caminos son menos pedregosos, pues Él sabe elegir por dónde ir. Cuando nos aferramos a su Palabra, nuestra carga se hace más liviana, nos ayuda a perdonar y perdonarnos pues lo que importa es lo que viene, porque con Él en yunta, es más difícil dar vuelta la cabeza para lamentarnos de los fracasos del pasado.

Él es nuestro alivio y fortaleza. Es el sostén de nuestras noches en soledad, es el refugio de nuestros lamentos. No nos dijo: miren, les doy como alternativa de alivio: mi vida…nos dice: VENGAN, casi como decirnos :te espero siempre, no tardes, estás pasando momentos malos y te vas buscando refugio y consuelo en caminos que no son los correctos, aquí estoy yo, conmigo tendrás consuelo, vamos únete a mi yugo y vamos juntos…


Son palabras de Jesús que nos llenan de alivio y tranquilizan el alma. ¿Cuánto tardaremos en llegar a Él?. Qué buena ocasión esta Navidad que llega, este Adviento que vivimos para acercarnos al corazón misericordioso de Jesús que quiere compartir nuestra misma ruta.




La humildad y la mansedumbre son como el marco de una vida cristiana. Un cristiano siempre va así, en la humildad y en la mansedumbre, nos dice el Papa Francisco. 

Mansedumbre para tratar a los demás, y humildad para relacionarnos con el Tatita Dios y para relacionarnos con los demás. Dos buenas virtudes para potenciar al máximo en este tiempo de espera y preparación. Quedan pocos días para Navidad. ¿Qué haremos hoy para mejorar nuestra mansedumbre y para ser un poco más humildes? Quizás una sonrisa, quizás un oído al que necesita desahogarse, quizás un vaso de agua, quizás la visita postergada tantas veces a la gente que nos espera , quizás un dinero que saco de mi bolsillo para aliviar el hambre de alguien que pasa…, Si lo hacemos podremos decir al final del día: aprendí un poco más de Jesús.


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