martes, 10 de diciembre de 2013

Mateo 18,12-14.

Jesús dijo a sus discípulos: 
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?

Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.


Esta parábola puesta por san Mateo, tiene un parecido a aquellas películas con final indefinido que le dejan al espectador, la posibilidad de ponerle el final que ellos creen oportuno, o mejor o adaptado a su forma de ver la realidad o su carácter.

¿Qué les parece? Nos pregunta Jesús y luego dice su parábola. Traducido sería: ¿ustedes que harían? ¿Ustedes buscarían la oveja extraviada?

Es UNA oveja perdida. Quizás aquellos pastores que escuchaban, respondían  como lo haríamos hoy nosotros: ¡ni loco voy a buscar a una que se fue por no escuchar mi voz, y correr el riesgo de perder las noventa y nueve por la acción irresponsable de una! ¡ No vale la pena! ¡Nos juguemos por esas 99 que tenemos adentro! ¡No perdamos el tiempo en una! ¿sabes lo que es el monte donde se metió esta? Lleno de espinas, empinado, lugar peligroso, de difícil acceso…casi es una reacción natural de todos los que evaluamos los “costos beneficios” de cualquier acción ¿verdad?.

Y esa acción, es la misma que tenemos muchas veces en las tareas de evangelización y misión: tenemos nuestro rebaño, dejemos a los que se fueron, dejemos a los extraviados, por uno, no nos vamos a hacer mala sangre, es más los insultemos por ladrones por violentos, por corruptos, por saqueadores, esos se fueron, están extraviados…


Gracias a Dios, que Dios es Dios…porque también fuimos esa oveja extraviada y Él no nos abandonó, nos fue a buscar nos rescató, se las jugó dejando a los que “ya estaban” para buscarme, para decirme lo que me ama a mi también, y a vos y vos…. Es la historia personal de muchos, que se metieron en laberintos de terror, de miedo, de sufrimiento, y sin embargo, Él los rescató, lastimándose con las espinas, agarrando fuertemente la mano, o el brazo con tal de que uno se prenda y pueda salir.

 ¡Gracias Dios por tu locura de Amor! ¡Gracias Señor por  ser ese pastor “loco” que deja tantas buenas para buscar la extraviada! ¿Qué hubieran hecho muchos si Él no se hubiera puesto delante  los mercaderes de la muerte, de la droga, del alcohol, de la disolución de familias enteras, jugándose por cada uno para rescatarlos?


Nos vuelve e preguntar ¿Qué les parece?.

En este tiempo difícil de Argentina y de muchos lugares del mundo, nosotros que de una u otra manera estamos “dentro del redil”, recemos por esas ovejas perdidas, deseándoles de corazón que piensen, que recapaciten, que conviertan su vida. La oración hace milagros. Y Jesús el buen Pastor, se está jugando en estos momentos por ellos. El extraviado hoy es el saqueador, también el dealer del barrio, o el gran traficante que nos trae o fabrica la droga para destruir nuestros jóvenes e incluso niños. El extraviado hoy es el que facilita la autodestrucción de los jóvenes con mensajes de muerte o de sin sentido de la vida. El extraviado es el joven que cree que sus problemas lo resuelve con una droga y que destruye su vida y la vida de su familia con ello. El extraviado es el que elige traicionar de mil y una manera, el corrupto que vende su alma por unos pesos perjudicando a pueblos enteros.


Nos vuelve a preguntar: ¿Qué les parece? Ojalá que podamos acompañar a Jesús en sus “locuras” de amor hacia los hombres
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