sábado, 28 de diciembre de 2013

Mateo 2,13-18.


Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.

 Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado. 
Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías:
En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.


Mateo escribe el evangelio hacia el año 80. Su preocupación era mostrar que en Jesús se cumplían las escrituras.

Es porque los destinatarios del Evangelio de Mateo son las comunidades de judíos convertidos que vivían una crisis profunda de fe y de identidad. Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70, los fariseos eran el único grupo superviviente del judaísmo. Se organizaron nuevamente hacia el año 80 y comenzó la confrontación entre judíos fariseos y judíos cristianos. Estos fueron expulsados y entraron en crisis: ¿estaremos en lo correcto? ¿Será esta la verdadera religión? ¿Seguiremos al Hombre adecuado? ¿Seremos el verdadero pueblo de Dios?. (o. carm)

La revelación de este evangelio era para decirle: muchachos y chicas,  tranquilos, estamos en el lugar correcto. En Jesús se cumplen las escrituras, miren…por eso repite: así se cumplió lo que había anunciado…

Haciendo esta aclaración, nos queda pensar en esos pequeños que dieron su vida también por Jesús, a causa de un delirante y cruel Herodes, que aprovechó de quien no podía defenderse en el momento en que nadie lo podía hacer por ellos, pues sus madres eran superadas en fuerza y número por un grupo de asesinos que fueron por sangre, llenos de odio, de placer por matar, pervertidos por el pedido de un maniático que no aceptaba nada ni nadie que le haga sombra en su vida.

¿Cuántos Herodes hay en la vida hoy? Asesinos que matan a pequeños con el   aborto, enceguecidos por la sangre que queda en sus manos, sangre de inocentes con vida propia, con alma propia, que no tienen posibilidad de defenderse, ni siquiera de gritar para pedir socorro. Asesinos que actúan muchas veces por el pedido de las propias madres, las que debían defenderle y protegerle…

Herodes instituciones que derrochan dinero en cuantas cuestiones armamentistas, o en gastos innecesarios, cuando hay tantos niños que mueren por desnutrición. Sistemas sociales que no corren en defensa del que menos tiene. Y muchas veces se actúan como Herodes, no solo atacando, sino no haciendo lo que se debe, pecando por omisión.

Cuántos Herodes que andan por ahí, que no matan, pero que se aprovechan de la inocencia de indefensos para producirles heridas que cuestan mucho tiempo de sanar, sacando beneficio de la familiaridad o del poder que  ostentan…

Herodes, Herodes y más Herodes… quizás estamos dándole mucha propaganda a estos asesinos e imbéciles. Quizás deberíamos más acordarnos hoy de aquellos Santos Inocentes que dieron la vida por Jesús y que hoy siguen muriendo sin que podamos ayudarlos. A ellos, nuestra oración, nuestro agradecimiento porque son mártires o sea semillas de cristianismo.


Que haya menos santos inocentes hoy. Que nos ayuden a fortalecer nuestro compromiso por un  mundo sin asesinatos a niños y excluidos. Y que Dios les tenga en su gloria.
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