jueves, 6 de febrero de 2014

Marcos 6,7-13.

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;
que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.
Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.
Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.


Ligeros de equipajes…así podría titularse esta cita. Vayan ligeros de equipajes, con una única arma: la Gracia. No lleven provisiones, lleven más bien la única provisión que vale: la Providencia.

Después del rechazo de sus paisanos, cerca de su casa de la infancia, Jesús multiplica su mensaje enviando a los apóstoles de dos en dos, recorriendo más ciudades,  proclamando el mensaje de esperanza a más pueblos… los manda sin nada para que aprendan a confiar en la providencia y para que puedan dar a Dios y recibir de Él, todo lo que necesitan.

Cierto día, Pedro y Juan subían al Templo para la oración…
Había un hombre, tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo.
Este, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna.
Pedro fijó en él la mirada juntamente con Juan, y le dijo: «Míranos.»
El les miraba con fijeza esperando recibir algo de ellos.
Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno ponte a andar.»
Y tomándole de la mano derecha le levantó. Al instante cobraron fuerza sus pies y tobillos,
y de un salto se puso en pie y andaba. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios. ..es el relato de los Hechos de los apóstoles 3,1-8

siempre me pregunto qué hubiera pasado si Pedro y Juan hubieran tenido dinero para darle a aquel hombre…seguramente hubiera él llevado una moneda más a su casa, pero no hubiera recibido la gracia  de caminar, de correr , de saltar, de poder alabar a Dios con su cuerpo, de festejar un triunfo, de jugar con sus hijos, de caminar a la luz del sol, de trabajar por sus propios medios…

gracias a esa “pobreza” de Pedro y Juan, aquel hombre pudo recibir el poder de Dios. si aquellos apóstoles hubieran llevado más cosas, las alforjas hubieran estado más pesadas, hasta el cansancio hubiera sido mayor y no hubieran experimentado la maravillosa aventura de dejarse llevar por la providencia, a donde Dios quiera, es decir donde haga falta, confiando que Él proveerá en el momento oportuno sin que les falte nada…


“Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría.
 Y poderoso es Dios para colmarlos de toda gracia a fin de que teniendo, siempre y en todo, todo lo necesario, tengan aún sobrante para toda obra buena. ( II corintios 9)… dando de corazón , todo vuelve…la providencia es infalible.

Después de aprender a confiar en Dios, viene el resto. Proclamar con su propia vida, las maravillas del Señor.

Hoy nos envían a nosotros. Ojalá aprendamos a confiar en Dios y lanzarnos sabiendo que estamos en manos del más grande, que nada faltará, que tendremos todo lo que nos hace falta y aún más y que Dios retribuye el ciento por uno ,  la generosidad en el camino.


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