domingo, 16 de febrero de 2014

Marcos 8,11-13.


Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.
Jesús, suspirando profundamente, dijo: "¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo".
Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla. 

Acababa de multiplicar los panes… no entendieron “esa” señal del cielo. ¿qué querían? ¿Que se abrieran los cielos y caiga desde arriba pan bendito y eterno, liberación sobre los romanos por un Mesías montado en un caballo blanco? ¿la voz de Dios en el lenguaje de ellos para que crean?...¿no entendieron? Cuanta belleza en el hecho en sí, cuanto Dios presente en la multiplicación y no lo vieron…
Que no nos pase a nosotros de pedir y pedir señales del cielo y mientras tanto nos cegamos a las maravillas que Dios obra a cada instante en la vida propia y la de los que nos rodean. Que no nos pase de mirar siempre hacia arriba pidiendo señales y no mirar a los costados en que la maravilla de  Dios despliega a cada instante  música para el alma…que no nos pase de pedir señales al cielo, y estar ciego al amor de Dios manifestado en la sencillez de una flor, o de un bebé que ríe y juega…que no nos pase… porque habremos perdido la capacidad de asombro ante tanto amor derramado.

¡Buena semana!
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