viernes, 21 de febrero de 2014

Marcos 8,34-38.9,1.

Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?
¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles".
Y les decía: "Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder".

¿Qué habrá significado para los apóstoles aquellas palabras de Jesús? Acababa de retar a  Pedro porque no aceptaba un Mesías sufriente (que luego triunfará) y ahora les decía que debían cargar la cruz para seguirle…en la mente de aquellos estaba que cargar la cruz, lo hacían aquellos que recorrían la ciudad camino al calvario para morir porque eran malhechores…

Y Jesús les dice que deben cargar su cruz…y les dice que no vale ganar el mundo entero, si pierde la vida…

A nosotros habitantes del siglo XXI nos dice también que si queremos seguirle que tomemos la cruz y vamos… nos dice de que nos sirve ganar todo en el mundo su perdemos la vida.

A Jesús, no le pusieron la cruz, Él la cargó por nosotros, Él aceptó aquello por cada uno, dejando todo hasta la última gota de sangre. A nosotros se nos invita a aceptar aquello que se nos propone diariamente, sin quejarnos, sin renunciar… a veces se tratará de grandes cruces, dolorosas, interminables…otras veces serán las pequeñas cosas, problemas familiares, económicos, en las relaciones, con el genio propio, con el genio ajeno, con los recuerdos que duelen, con las heridas que no cicatrizan a pesar del esfuerzo, con los desencuentros, con la perdida de amigos o la  traición pequeña o grande de los que queremos más. Se tratará de sonreír sabiendo que estamos asumiendo la cruz, que no la dejamos a un lado, que por esa cruz encontraremos ya aquí en la tierra libertad interior y felicidad verdadera.

Hoy es un día para poner en la balanza todo aquello que dura solo un tiempo y lo que entra en la eternidad.

Un día para pensar si nos arriesgamos  por lo que es noble, si buscamos un estilo de vida  que nos lleve a superarnos en el camino del amor, o solo si pensamos en el futuro por lo económico, por el estándar de vida, por los beneficios para mi, solo para mi…

¿De qué nos servirá tantas cosas por la que nos afanamos en la vida si al final seremos juzgados por el amor? Ojalá que a todo lo que encaremos, a todas nuestras actividades , pensamientos, sueños, esperanzas, profesiones elegidas y por elegir, oficios , trabajos, incluso aquellos más tediosos , lo pintemos con el color del amor, pensando qué puedo hacer para que este mundo sea un poco mejor, más humano, más acorde a los planes de Dios. Será nuestra forma de demostrar que no nos avergonzamos de ser personas de bien que quieren lo que Cristo quiere: que todos se salven y vivan felices.





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