martes, 11 de marzo de 2014

Lucas 11,29-32.

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás. 


Se apretujaban, mirando sus manos, mirando sus gestos…buscaban un milagro, ¿para creer?  Difícil…antes como ahora, hay mucha gente agnóstica que quiere ver para creer, que quiere sentir un trueno con la voz de Dios para saber que existe. Tanto antes como ahora, la gente busca el milagrito para creer. Pero cuando no quieres creer, no crees…no hay peor ciego que el que no quiere ver.

En el antiguo testamento hubo estos dos hechos que ayudaron a la conversión de la gente. Aquel de la reina de Sabá y este de Jonás que permaneció tres días en el vientre de una ballena y fue expulsado vivo, predicando la conversión…el pueblo lo escuchó y se convirtió.

A una semana del comienzo de la cuaresma, la consigna es :conversión. Estamos perdiendo quizás el tiempo, esperando una llamada, un movimiento interior, algo que nos invite a la conversión, algo que nos sacuda que nos “obligue”…pero pruebas tenemos todos los días del amor, del cariño que Dios nos tiene. Y nosotros traicionando ese amor. ¡qué pena!

Las veces que  hemos dicho: Dios tiene la culpa de todo… si Dios existe ¿porque hay tanto mal? Dios no puede existir si hay tanto odio en la tierra…queremos que Dios nos solucione todo para creer. Queremos que Dios nos dé el gusto para creer. Pero ¡vaya que nos dio con tantos gustos, tanto amor!.


Queda en nosotros. Dios nos regala su amor personal. Dios…Dios…no es alguien común. Es Dios. Convertir nuestro corazón a su amor, esa es la tarea nuestra.

Convertir será desarmar el corazón de piedra, para convertirlo en un corazón de carne que lata y viva al compás del corazón de Jesús. Todos a nuestro alrededor sabrán que hemos encontrado la luz y la paz.
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