viernes, 7 de marzo de 2014

Lucas 5,27-32

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme".
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. 


Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. 
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: "¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?".
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan". 


No son los sanos los que necesitan del médico, son los enfermos.

Enfermos somos todos. Cada uno tiene sus dolores, sus defectos, sus remordimientos, su pasado. Cada uno cuelga en sus hombros el cartelito de “silencio hospital” . Algunos en terapia intensiva, otros en sala común, pero cada uno  tiene una enfermedad grande o pequeña, de esas que no nos dejan ser felices.

Mateo era un enfermo, era un pecador. Jesús lo rescató e inmediatamente comenzó a seguirle. El enfermo había sanado. Su corazón volvió a latir sanamente, vio una luz en el camino, Mateo estaba feliz.

Jesús viene a nuestro rescate. Por ahí escucho decir a los chicos que andan en ese submundo infernal de la droga: rescatate man,… Jesús viene a nuestro rescate. El quiere nuestra salud, no nuestra enfermedad, el quiere vernos felices…¿Por qué darle vuelta la cara? ¿Porque no dejarnos encontrar?

Y a veces esas enfermedades se repiten. Cuando ya nos sentíamos curados, de nuevo sale a la luz para complicarnos la vida…y son lágrimas derramadas, son conciencia dolorida, son arrepentimiento y dolor, son condicionamientos para el futuro. Aún así Jesús sigue diciendo: he venido para los enfermos porque soy un doctor del alma…

Así como Mateo, halló su cura en el servicio, así nosotros podemos ser inteligentes y darnos cuenta que la manera de que aquello no vuelva es haciendo cosas positivas, no solo dejando lo negativo, sino encarando una nueva vida con pequeños pasos, pequeños compromisos, sirviendo, dejando de pensar que el mundo gira alrededor nuestro, dando, dándonos…como lo hizo san Mateo.


¿Nos dejamos sanar? ¿Nos ponemos a trabajar?
Publicar un comentario