jueves, 6 de marzo de 2014

Lucas 9,22-25.

Jesús dijo a sus discípulos: 
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?


Jesús, les recuerda que es un salvador que pasará por el sufrimiento para lograr cumplir el plan. No es un rey rico y lleno de pompas, que pasea su realeza en autos caros y lujosos ante el beneplácito de la gente. No es un duque que vive encerrado en mansiones
custodiado por centenares de cámaras y personal de seguridad. No es un príncipe que vive en un palacio en las afuera de la ciudad para no “contaminarse” con el populacho. Es un rey de cruz, un rey que camina junto a la gente, un rey que conoce los secretos del corazón de cada uno, que camina las mismas calles, que pisa el mismo polvo, que comparte el dolor, el calor, el hambre, el cansancio. ¿Qué habrán pensado los seguidores suyos? Verlo ahí tan cerquita y de reojo ver los palacios de las autoridades romanas, a quienes ni les importaba lo que les pasaba…

Y Jesús les advierte: soy el Mesías, pero debo pasar por la cruz, por el sufrimiento.
Por eso nos dice: el que venga detrás de mí, que cargue su cruz y me siga.
Habrán pensado: ¿Qué locura es esta?...los que cargaban la cruz eran los condenados a muerte. ¿Qué les pedía?: CARGAR LA CRUZ…

Cargar la cruz de Jesús significa escuchar su mensaje , adoptar su manera de ser, ofrecer siempre el perdón, amar sin limitaciones, vivir abiertos al misterio de Dios , mantenerse fieles,  luchar contra el mundo y sus pompas, abandonar lugares, amistades, que nos llevan por otro camino, dejar vicios y adicciones que muchas veces están enraizadas en el corazón, cavar hasta lo profundo para construir una casa sobre terreno firme, pedir perdón aunque signifique humillación… si, como los apóstoles nosotros también podemos preguntar: ¿Qué locura es esta?...y… es la locura de la cruz, la locura de Jesús que nos amó hasta el extremo, locura de amor de alguien que pensó en vos y en mi, con nombre y apellido y que no dudó nunca en tomar la cruz, sufrir lo que sufrió, entregar la última gota de sangre y morir perdonando y amando…por vos…por mí.


No es fácil ser cristiano en un mundo que nos “refriega” nuestra locura…pero vale la pena.


Tomar la cruz de cada día con amor, nos acerca al amor misericordioso de Jesús.
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