sábado, 1 de marzo de 2014

Marcos 10,13-16.

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. 
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

El Papa, en una homilía en Santa Marta decía: Recuerdo una vez durante la fiesta patronal de la ciudad de Salta, una señora humilde pedía a un sacerdote la bendición. El sacerdote le dijo: "Pero señora, usted ha estado en la misa!" Y luego le ha explicado toda la teología de la bendición en la misa. "Ah, gracias padre, sí padre", respondió la señora. Pero cuando el sacerdote se fue la señora se dirigió a otro sacerdote: "Deme la bendición". Todas aquellas palabras no entraron en ella porque tenía otra necesidad, la necesidad de ser tocada por el Señor. Esta es la fe que buscamos y que debemos encontrar siempre porque la suscita el Espíritu Santo. Nosotros debemos facilitarla, hacerla crecer, ayudarla a crecer


(25 de mayo de 2013, homilía en misa matutina en la capilla de Santa Marta.  ¡Gracias Catholic. Net!)


Aquellas madres, excluidas por ser mujeres, le trajeron los niños para que Jesús los tocara. Quizás ellos también eran considerados impuros a causa de su poca higiene. Y si, ya sabemos, los niños corren, se ensucian, saltan, juegan, traspiran, es imposible tenerlos quietos y limpios. Su estado de normalidad y salud, es el movimiento y casi casi, la suciedad por causas propias de su niñez. Seguramente , los discípulos, no querían que Jesús se contamine con ellos. Pero los recibe con tanto cariño y les hace una alabanza tan grande, que ganas de sacar los niños para que Jesús siga con lo suyo, no le quedaron a ninguno. Es más, se enojó, se enfadó con los discípulos por quererles impedir llegar hasta Él.

Y nos dice que nos hagamos como ellos, sencillos, confiados, con una percepción de las cosas de la fe que viene dada por el Espíritu Santo, que vive en el corazón, que se deja llevar por los dictados del mismo, que no le busca “la quinta pata al gato”, que vive confiado en Dios, que pone su mirada en el cielo, que necesita ser tocado por Jesús, que ansía llenarse de gracia como quien bebe de agua de una fuente natural en un día de mucho calor.
Ese día, cuando nos confiamos en sus brazos, cuando nos sentimos como niños en brazos de sus padres, Él, nos abraza nos bendice, toca nuestra frente…nos sentimos amados por Él y con eso basta.

Ojalá que podamos sacar de nuestra vida aquello que nos aleja de la sencillez de los niños en el trato con Jesús. Necesitamos hablar con Él, de tu a tu. ¡Cuánto espera para darnos un abrazo!.
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