sábado, 15 de marzo de 2014

Mateo 5,43-48.

Jesús dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo


Ayer,  a través de una canción decíamos: amar como tu amas… hoy, Él nos dice:

amar como yo amo, significa, amar a todos sin dejar a nadie afuera,
como hice en el huerto cuando uno de mis amigos con los que compartí juegos, alegrías, charlas, sueños y proyectos, me entregó por unas monedas.
Como hice cuando me pusieron frente a “jueces”, que sin dudarlo, me inventaron revoluciones, conflictos, blasfemias y me mandaron a la turba para que me condene, lavándose las manos ante tanta injusticia…
Como hice cuando aquellos soldados golpeaban mi carne abierta y sangrante y desgarraban mi piel con tanta rabia, con tanto placer…
Como hice cuando me vistieron según ellos , como payaso, con mi sangre como maquillaje para que todos se rieran,
Como hice en el calvario cuando aquel soldado clavaba un clavo largo, sucio, grueso, con poco filo, sobre mis manos estirando mi brazo para llegar al punto,
como hice cuando me dejaron desnudo, delante de mi mamá, delante de todos que se burlaban , y hablaban de mi reinado con ironía.
¿Te acuerdas? Fue cuando le dije a mi Padre que los perdone porque no sabían lo que hacían…

Sí Señor, pero ¿cómo hago con el asesino que mató a mi familia, con el que violó a un ser querido, con el que dejó heridas profundas en mi vida por cosas ocurridas en mi infancia? ¿Cómo hago con el que se burla de mí todo el día, con el que me explota, con el que me atosiga permanentemente? ¿Cómo hago con el que me insulta aprovechándose de una mayor contextura física, con el que me domina? ¿Cómo hago con el que me maldice o maldice mi vida con el que me hizo un mal?

El mandato es amar. 
Es que muchas veces definimos el amor con lo que está en la piel con lo que siento, con lo que yo recibo del otro, con la “química”, con la mirada, con el sentirme bien, y hay mucha gente con la que seguramente no me siento bien, con la que no tengo “química”, con la que por una cuestión de “piel” no podemos llevarnos bien… entonces el amor, éste al que Jesús nos invita debe estar por encima del sentimiento..



Será rezar por esa persona, será desearle el bien, será servirle, será orar para que cambie su corazón de piedra por un corazón de carne, será aconsejarle, será sonreírle,
será saludarle atentamente, será preguntarle por su vida, será  ver en él, el rostro de Jesús, a veces un rostro desfigurado y adusto…

es difícil ¿no? Pero intentándolo, estaremos en el camino que nos pide Jesús. Quizás hoy, podríamos comenzar, rezando por ellos.
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