lunes, 14 de abril de 2014

LUNES SANTO

PRIMER MISTERIO DE DOLOR
Lectura del Evangelio según San Lucas. 22, 39-46
Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos;
y lo siguieron los discípulos.
Al llegar al sitio, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación".
Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra
y, arrodillado, oraba diciendo:
"Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz.
Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba.
En medio de su angustia, oraba con más insistencia.
Y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo.
Y levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos,
los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
"¿Por qué dormís? Levántense y oren, para no caer en la tentación".

Ya había compartido la última  cena, adelantando la Pascua. Entonces, salieron del cenáculo y fueron hacia el Monte de los Olivos, donde se reunían  muchas veces. Esa media hora  de caminata  fue de angustia, de tensión. Una mezcla de sentimientos: la cena  última compartida con sus discípulos,  sus ojos que no entendían mucho la situación, ver salir a Judas, corriendo a cumplir “la tarea”. Sabía que llegaba “la” hora  y deseaba tener esos minutitos de oración para encontrarse a solas con su Papá. 

Cuando llegó al lugar, dejó a sus discípulos, ocho, en un primer refugio, les dijo a Pedro Santiago y Juan que lo acompañen, pero los dejó en un segundo refugio. Él se alejó a la distancia de un tiro de piedra ( ¿treinta? ¿Cuarenta metros?).
La luna llena aparecía entre los olivos, dejando sombras y luces. Jesús comenzó a orar.

La cara en tierra, la oración llena de angustia. Era un momento complicado. Lleno de tristeza y de soledad.
Volvió buscando a sus amigos más cercanos, y los encontró dormidos, se habrá sentido más solo aún. ¿Por qué se durmieron? Como si a Jesús, fuerte y poderoso, que contagiaba entusiasmo, fe, amor, no le haría falta la mano amiga que lo acompañe.

En la transfiguración,  Pedro, Santiago y Juan, estaban  despiertos, radiantes, plenos. En las buenas, estuvieron. Ahora, en la noche, cuando  hay soledad, silencio, se durmieron. En las malas fallaron. El sopor  cerraba sus ojos. No había fortaleza para velar por el amigo.

Volvió a alejarse y rezar igual, pero su angustia era tan grande, que su transpiración se mezcló con gotas de sangre. Se produjo  hematidrosis,
que es cuando la  ansiedad provoca la secreción de químicos que rompen  los vasos capilares en las glándulas sudoríficas. Esto provocó que la piel quedara extremadamente frágil de modo que cuando  fue flagelado por el soldado romano al día siguiente, su piel ya estaba muy sensible.

De nuevo fue a buscar a sus amigos, y los halló nuevamente dormidos. Los despertó. Les dijo: Vamos, llegó la hora.

Después, vendría la traición de Judas, que guiaba a un grupo de soldados con espadas y palos. Lo arrestaron cual si fuera un ladrón o asesino, comenzó a ofrendar su vida, por cada uno de nosotros.

En el huerto de los Olivos Jesús ha experimentado todo el sufrimiento humano. Es como si el pecado y el mal, habrían ganado la batalla, hubo una carga en su espalda muy pesada, una angustia tremenda por lo que vendría.

En este huerto, lo besaron por traición, aquí le golpearon con una bofetada que otros dicen, fue un bastón de 4 o 5 cm de diámetro que le lastimó le cartílago haciéndole salir sangre. ¿Con que necesidad? Solo por maldad, por actitudes de patota  de sentirse más fuerte en el grupo. 

En el huerto lo dejaron solos sus muchachos, sus tan queridos amigos, se fueron, y el quedó solo ante la turba y la injusticia. No hubo salvador como lo fue Él con la mujer adúltera…
Jesús rezó, Jesús sudó sangre, Jesús sintió la soledad, Jesús sintió angustia.


Lo hizo pensando en tus pecados y los míos. 

No puede ser que Juan, María, Ricardo, Agustina, Roque, sufran tanto por el pecado que llevan consigo… se sintió, por un momento, derrotado pero decidió cargar sobre sus espaldas esos pecados para que cada uno de nosotros sea feliz, se libere, triunfe…

No puede ser que Hugo, mateo, Nicolás me abandonen una y otra vez, que se vayan detrás de luces de fantasías cuando les di mi Luz que alumbra siempre… y se sintió, por un momento, cansado, angustiado, fracasado, pero decidió seguir, rezando por cada uno de nosotros…

No puede ser que mis discípulos, que mis sacerdotes, que mis pastores, que mis laicos más comprometidos, duerman mientras el maligno hace de las suyas como si no les importara lo que estoy pasando o lo que pasan miles de cristos que pasan cerca, pobres, desvalidos, desesperados hasta el suicidio, sin ideales, presos, desnudos, sin trabajo, y sigan durmiendo aburguesados, satisfechos con lo realizado… y sin embargo siguió en el huerto, rezando y esperando al traidor y su turba enardecida…



Que este primer día de la semana santa, nos ayude a meditar en cómo acompañamos a Jesús, cómo vigilamos, en qué hacemos para estar atentos, en cómo podemos acompañar la angustia de tantos hermanos nuestros en que Cristo  se transforma  hoy.
No puedo compartir en grupos de Google+ (.sepan disculpar). Si algún interesado puede comparirla , podremos llegar a más lectores.Gracias
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