martes, 15 de abril de 2014

MARTES SANTO

Jn. 19, 1  Pilato, entonces, ordenó que azotaran a Jesús

Estos días de semana Santa, meditamos los misterios de Dolor.
Después de ser juzgado por la mentira, ser maltratado por aquellos a los que sanó, es azotado, flagelado.

Las flagelaciones estaban a cargo de  soldados romanos, sin ningún tipo de piedad. Usaban látigos de tiras de cuero, terminadas en bolitas de plomo o cualquier metal  junto a pedazos chicos de huesos afilados. Aquellas, lastimaban mucho la piel, producían moretones, que los próximos golpes, abrían. Los huesos, actuaban como anzuelo, y el verdugo, aparte de pegar, arrastraba el látigo para desgarrar aún más.

Eran treinta y nueve latigazos, desde el cuello, hasta las piernas. Lastimaban las orejas, las nalgas, las partes íntimas,  los muslos y pantorrillas. No venían ahí a un ser humano. La saña era moneda corriente y cuánto más golpeaba y lastimaba, más rugía la gente en gritos de aprobación y festejo, aunque más dolor producía en el flagelado y también en los amigos y familiares que estaban detrás de las vallas.

Los latigazos los recibió de un «flagelum» romano o látigo que partía de un palo o asidero y cuyas colas terminaban en bolas de plomo. La ley prohibía golpear con este látigo en la cabeza o en otros órganos vitales para provocar sufrimiento pero no la muerte, de modo que Jesús, que recibió hasta 300 impactos de esas bolas de plomo y huesos-el triple de lo permitido en la ley judía-, ya llevaba varias costillas fracturadas en el momento de acarrear el «patibulum». («CSI: Jesús de Nazaret. El crimen más injusto». Forense José Cabrera)

Los flagelados perdían mucha sangre, a veces la espina dorsal quedaba al descubierto.

Esto causaba cuatro efectos:
” El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
 Baja la presión sanguínea lo cual puede producir desmayo o colapso.
 Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.
Es una conmoción llamada hipovulémica.(corazones.org)

¡cuánto dolor! La cita dice: Pilato ordenó que azotaran a Jesús. Y la historia, los estudios de la sábana Santa, lejos del morbo, nos cuentan la realidad. Fue hecho con saña, con ira, con rabia. Jesús mientras tanto decía: Padre perdónalos , no saben lo que hacen…y pensando en nosotros, repetía una y otra vez: no hay mayor amor que dar la vida por los amigos …y ahí estaba, recibiendo cada latigazo por mis pecados, por los tuyos…golpenadole la cara, las nalgas, los muslos, las partes más íntimas, las costillas…



¡ y pensar que a veces nos quejamos por pequeñas llagas en la boca, por lastimaduras, por pequeñas heridas que nos producen malestar. ¡ ¿Qué hizo Él para merecer esto? Solamente ser BUENO.
 Muchos de los flagelados, quedaban ahí. No aguantaban más.

Por ahí estaba su mamá. Dolorida como la que más, sintiendo ella cada latigazo a su hijo, queriendo correr para ponerse en medio de aquellos hilos de cuero con plomo, y su hijo. Hubiera querido ofrendar ella su vida. ¡cuánto nos duele a los papás cuando nuestros hijos sufren, o cuando están enfermos! Y, dicen, que no hay palabras para expresar lo que siente un padre y una madre cuando un hijo fallece… estaba Ella, firme fuerte, sufriente, sintiendo en su piel cada latigazo.

¿Dónde estamos nosotros en esta escena?

 ¿Somos los verdugos, que castigan sin piedad a alguien que no tiene posibilidad de defenderse, cobardemente, por la espalda por temor a enfrentarse a la mirada del agredido, que hablan mal de Jesús que vive al lado, que actúan en las sombras, destruyendo fama de los demás, aprovechando cada ocasión para hacer “leña del árbol
caído”? ¿Blasfemamos, calumniamos? ¿Somos los que actúan cobardemente por la espalda? ¿Somos los que no se animan a mirar a los ojos a Jesús, pero no contentos con ello, lo lastimamos en su Iglesia, en sus cristianos? ¿Somos los que actuamos de verdugos de los pequeños que no tienen posibilidad de defenderse, produciendo, alentando, induciendo abortos? ¡Es tan fácil tener a Jesús atado, al hermano desvalido sin posibilidad de defenderse, y atacarlo, lastimarlo, dejarle medio muerto con nuestras habladurías o la violencia de género, aprovechando un dominio físico o psicológico! ¡ es tan fácil actuar cuando están los cristos atados: ignorantes, sin cultura, para dominarlos y explotarlos, quitándoles incluso los documentos para que no puedan escapar!  ¡Es tan fácil actuar con los cristos atados: por la inocencia de la niñez y destruidos por verdugos adultos que le hacen jirones el alma con los abusos! Verdugos modernos de tantos cristos actuales

¿Somos los que detrás de las vallas, alentaban al verdugo, gritaban en contra de Jesús, se burlaban y reían, los que incitamos a otros al mal, los que alentamos el pecado de los otros, los que nos reímos cuando hay burlas para con la Iglesia, o los curas o las monjas?

¿Somos los que estamos detrás de las vallas, lamentando, sufriendo por Jesús, pero no nos metemoss para evitar que  le sigan pegando , los que desde afuera nos lamentamos, pero no nos comprometemos con el hermano que sufre, con el joven sin ideal, con la niñez sin futuro, que nos cuesta dar nuestro tiempo, nuestras ganas, a dejar de lado nuestra comodidad, para ir en busca del Jesús necesitado que está sufriendo latigazos de parte de la sociedad que trata de hacerlos sangrar para tenerlos “domesticados”? ¿Cuántos cristos hoy sufren flagelaciones? Es más fácil estar detrás de las vallas sintiendo pena, que comprometidos en el barro, en la trinchera, poniéndose en medio entre los verdugos y los flagelados para evitar que le sigan dando… es más fácil quedarse en casa y criticar que escuchar a los jóvenes, que propiciar encuentros por la vida, que defender la vida de un inocente antes de nacer…

¿somos como los discípulos, que estuvieron en las buenas, cuando había alabanzas, , cuando Jesús estaba de “moda”, cuando ser cristiano  trae beneficios, pero que huyen cuando la cosa viene mal, cuando hasta negamos nuestra condición de seguidores suyos, y nos escondemos en medio de la multitud, transando con la mediocridad, siendo uno más del montón, dejando de ser  de esos que muestran con valentía su ser cristianos , aunque cueste también “flagelaciones” de olvido, incomprensión y abandono de amistades?

¡Cuánto dolor, Jesús, no queremos ser meros espectadores cómodos que ven pasar al hermano flagelado, y quedarnos de brazos cruzados!

Puede que seamos nosotros mismos los flagelados, a los que se nos ata los brazos y las manos y se nos castiga por seguir a Jesús, produciéndonos desgarrones que nos duelen de verdad, porque a veces provienen de quien menos uno los espera.  Quizás esto nos ayude a entender el dolor que sufren nuestros hermanos lastimados y azotados sin causa. Quizás con esto nos acercamos un poquito más a Jesús flagelado.


Este segundo misterio de dolor, la flagelación del Señor, nos interpela.  Que el dolor de Jesús nos ayude a  quejarnos menos, a ayudar a los demás, a evitar que se siga flagelando a tantos hermanos nuestros que están cerca, a comprometernos con la realidad que vivimos para que haya menos flagelados y excluidos. 

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