sábado, 19 de abril de 2014

SÁBADO SANTO:

ESPERA A LA LUZ DE LA LUNA

Llegó hace unos días, más precisamente el martes 15. Es luna llena.  Coqueteó antes con el sol, tiñéndose de rojo, para estar de acuerdo a los días de semana santa.  Maravillosa, impresionante, y no es más que un satélite sin luz propia, cuya luz procede del sol, queilumina de pleno su cara  visible y nos da ese majestuoso faro que brilla sobre nuestras cabezas.

Pensaba  en el gran invento del hombre que son los satélites artificiales, esos que lanzados al espacio  permiten comunicarnos por un modo de espejo: la señal sale, choca con el satélite y va a los lugares más recónditos del planeta, al instante.

Esa maravillosa luna, es la misma luna que acompañó al pueblo judío en aquella noche que decidieron salir de Egipto guiados por Moisés. Porque si bien eso ocurrió hace 3200 años, la luna sigue siendo la misma y es la misma fase lunar porque celebramos Pascua la primera luna llena después de que comienza otoño en nuestras latitudes o primavera en el
hemisferio norte. Quizá la atmósfera era mucho más diáfana que hoy, porque no había contaminación de fábricas, motores, no había smog, por lo que aquella luna fue un faro perfecto… mejor dicho, esta luna, fue un faro perfecto para aquel pueblo. Solo basta con ir a pueblos del interior donde no hay “tanta ciudad” para disfrutar de una hermosa noche de luna llena que te deja ver la cara del que está a tu lado.

Es aquella misma luna que iluminó a Jesús aquellos días en que Él se aprestaba a celebrar la Pascua con sus amigos. Es la misma luna que iluminó el huerto de los Olivos cuando fue a rezar. Es la misma luna que ayudada por antorchas, iluminó a los que lo traicionaron. La misma luna que alumbraba esas noches que pasó el Señor esperando en vela que algún  tipo decida su suerte, amarrado sus pies y sus manos, ante la burla de los que lo esposaron.

La misma luna que estuvo el jueves antes de que muera, iluminando los últimos minutos de Jesús. La misma luna que no pudo ver el viernes, el día en que murió, y que en realidad no vieron ninguno, porque como dice la Palabra, una gran oscuridad cubrió la tierra.

La luna que alumbró la piedra que cubrió el sepulcro y fue testigo cómo se removía con la fuerza de la vida resucitada que comenzaba a estar para siempre con nosotros.

Y así  como los satélites, nos sirven para comunicarnos entre los hombres al instante, por un momento pensé que esa luna podría ser un satélite del tiempo, y que mirándola, me mostrara  con mayor exactitud aquellos momentos grandiosos de nuestra vida primitiva: el paso por el mar, y los últimos momentos de Jesús con nosotros.

Ojalá que el tiempo ayude, que el cielo esté despejado sin nubes, para que todos  podamos hacer volar nuestra imaginación y darnos cuenta que la luna que hoy tenemos encima nuestro, es la mismísima luna que alumbro a Jesús, que alumbró a María, que alumbró las travesías de Juan el Bautista, que alumbró a los judíos hace tanto tiempo. No hay otra luna, es la misma.
Que estos días podamos contemplar esa luna bendita que nos hablará de esos momentos difíciles ,crueles por los que pasó Jesús, pero también nos dirá como fue la noche del Sábado y la madrugada del domingo, cuando ella se estaba escondiendo y vio salir triunfante a Jesús del hueco de la tierra, glorioso, blanquísimo, radiante.


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