viernes, 18 de abril de 2014

VIERNES SANTO

 este Viernes santo, meditemos y recemos el QUINTO MISTERIO de dolor

 Llegaron hasta el punto cumbre. Por momento habrá mirado la ciudad, desde ahí, con mucho dolor. Ya no la volvería a ver, así, como estaba.
Lo tiraron sobre el piso con el madero horizontal.

Los clavos no se introducían en las palmas de las manos porque éstas no habrían soportado el peso del cuerpo. Se colocaba el clavo en el pulso donde un conglomerado de huesos permitía sostener un peso grande.
Cuando las muñecas de Jesús quedaron sujetas al palo horizontal, lo alzaron y ensamblaron sobre la estaca vertical. Una vez así colgado, le clavaron los pies. La operación era tan sencilla que bastaba un solo golpe de martillo. Pero el dolor que provocaba era terrible.

Así, el tiempo que duraba la vida de un crucificado dependía de cuánto resistía en esta tarea de levantarse para respirar y volverse a abatir.
Para respirar, debía apoyarse sobre los pies clavados, elevarse, y respirar, pues sus pulmones, a esta altura, estaban llenos de sangre. Estaba ahogado. Cuando querían acelerar la muerte del reo, le quebraban las piernas, así ya no podían elevarse para respirar.  A Jesús no hizo falta.
Era alrededor del mediodía cuando lo izaron, eran las tres de la tarde que aquel viernes cuando murió. Por eso todos los viernes de nuestra vida, a las tres de la tarde ,  en el lugar donde nos encontremos, con las diferencias horarias que hubiere, siempre será para nosotros, la hora de la mayor ofrenda de Amor de la historia, la hora de la misericordia, la hora del perdón, la hora del Amor.

Él, nos dijo hasta el final que nos amaba. ¿Qué más sacrificio debía hacer para demostrarnos? Ahí está colgado injustamente en una cruz, entregando literalmente su última gota de sangre, esa que salió mezclada con líquido de sus pulmones ahogados.

Nos interpela en lo que nos da y nosotros despreciamos. Nos interpela en nuestra capacidad de amar, nos interpela en nuestra entrega, nos interpela en nuestra forma de amar. Nos interpela en nuestra capacidad de agradecer por esto que hizo por nosotros.

No quedan palabras. Ya está jugada la última carta. Jesús, a las tres de la tarde, dio su vida (no se la quitaron), por vos por mí, por mi esposa, por mis hijos,  por mis amigos, por los que vendrán, por los que ya pasaron.

¡cuántos personajes, cuántos lugares en la escena de la muerte!.
Quizás alguno se sienta representado por Juan, joven amigo de Jesús, que estaba al pie de la cruz, acompañando a María y recibiendo de labios de Jesús, la herencia de la Madre.
 Quizás otros con María Magdalena, los que han dejado decididamente la vida de pecado que llevaban y ahora están ahí de entre muchos que se fueron, los buenos, los que decían que iban a estar, y sin embargo se fueron por vergüenza, por miedo, y ella María Magdalena firme ante la burla de los que estaban gritándole a los reos…
Quizás alguno sienta el mismo dolor de María, hermanos y hermanas que la vida les llevó hijos antes que ellos… ese dolor infinito de un papá y una mamá cuando un hijo fallece…
Quizás alguno se represente en los soldados que clavaron a Jesús, o en los que lo izaron para que deje su último aliento, o en los ladrones que junto a Él, estaban en el monte por morir, con el bueno o con el malo…

Pero hoy, miremos el lado de atrás de la cruz. Hay un lugar vacío. Nos subamos, ayudemos a Cristo a salvar al mundo, a nuestro mundo, al pequeño, al del metro cuadrado donde vivo.  Hoy le prometamos a Jesús que subiremos con Él en la cruz para ayudarle a redimir al mundo, a hacerlo más humano, y después más cristiano, a ayudar a mi papá. a mi pariente que sufre problemas con el alcohol, a mis hermanos que no encuentran aún su mirada, a mis amigos que se fueron de la casa del Padre y aún no vuelven, para ayudar a mi patria, pidiendo perdón por aquellos que no entienden el amor de Jesús y viven en la corrupción, o el libertinaje o destruyendo vidas con la droga. A los jóvenes para que les pueda mostrar un camino de “si se puede” ante tantos signos de destrucción de “no familia” de “no compromiso”…

¡¡¡déjanos Señor que nos subamos de ese lado de la cruz, queremos nosotros también abrir los brazos como vos, para entregarnos a los demás!!!

No es en las palabras ni es en las promesas
Donde la historia tiene su motor secreto
Solo es el amor en la cruz madurado
El amor que mueve todo el universo  (En mi Getsemaní)

Si, ahí está el Amor. Nada de sustantivos ni adjetivos. Nada de promesas o de palabras vacías. Nada de sentimientos que van y vienen. Nada de sin sentidos dichos al voleo, nada de marketing televisivo ni películas ni show… ES EL AMOR EN LA CRUZ MADURADO que  mueve todo el Universo, es Jesús en la Cruz que nos dice ESTO ES AMOR y no palabras vacías. Cuánto más rápido suba a esa cruz, más rápido viviré en el amor y mi vida dejará de ser palabras vacías, promesas infundadas, vida vacía sin sentido…mi vida pasará a ser VIDA, AMOR, ENTREGA porque el Maestro abrió sus brazos, entregó su vida, me amó, te amó…no queda más que hacer lo mismo.
Y cambiar el mundo, comienza por vos. Hoy puede ser un día bisagra.  Que la muerte del Señor, no sea en vano para mi.


Y recordemos que cuando nos subamos a esa cruz, cuando estemos dispuestos a afrontar nuestra vida en clave de Cruz, en clave de Amor, estará la mamá, estará María al pié, de pie, dándonos la mano, ayudándonos, fortaleciéndonos, como estuvo al pie de su Hijo Jesús.

Este QUINTO MISTERIO DE DOLOR, nos interpela, confronta nuestra vida a veces vacía con la plenitud de Jesús… ¡tanto hizo Él, tan poco nosotros! Que nuestros brazos al final de la vida, queden así, abiertos y estirados a los demás como los brazos de nuestro amado Jesús.

No puedo compartir en grupos de Google+. si alguno quiere hacerlo, que lo haga sin problemas. gracias.
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