lunes, 12 de mayo de 2014

Juan 10,11-18.

Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. 
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre".

Una imagen referida a un cuadro: atrás, ovejas pastando, indiferentes, tranquilas, serenas, en un valle verde y fértil, con un lago de fondo… adelante el primer plano, un pastor, herido, golpeado, lastimado, mordido por lobos que querían atacar a las ovejas, alejando al animal dañino, y siendo escudo protector para sus ovejas… ganó la fuerza y la pasión del
Pastor… es el Pastor que da la vida por sus ovejas… ese mismo  cuadro con otro fondo, con otro segundo plano, es el que vio san Juan al pie de la cruz y entendió eso de ser el buen pastor o hermoso pastor como es la expresión griega, según dicen los que saben, o auténtico pastor, porque lo es.

¡Cuánto nos ayuda saber que El es nuestro Pastor!... a veces con los conflictos en la vida, con las angustias económicas, con la falta de trabajo, con los quiebres familiares, con la droga en hijos, amigos, vecinos, familiares, con las disputas personales, con el mal trato a los que la sociedad nos condena,  a los regímenes injustos donde unos pocos tienen la gran mayoría de la riqueza y la inmensa mayoría vive con los mínimo o menos, saber que Jesús es nuestro Pastor, que da la vida por nosotros, es algo que nos conmueve y tranquiliza.
 
Siguiendo su callado, atravesamos regiones buenas de buenos pastos, pero también quebradas, ríos, zonas de difícil acceso, caminos empedrados o rotos… sin embargo no alejando nuestra mirada de Él, nos conduce hacia verdes praderas y repara nuestras fuerzas.

Estamos con Él cuando escuchamos su voz y la reconocemos en medio de tantas voces, gritos, pastores falsos, dioses mundanos… porque las ovejas de Jesús reconocen su voz y le siguen.

Ojalá que todos comencemos esta semana con la letra del salmo 23 en nuestro corazón y nuestra mente:
El Señor es mi pastor, nada me falta.
En prados de hierba fresca me hace reposar,
Me conduce junto a fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el camino justo,
haciendo honor a su Nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso,
ningún mal temeré,
porque Tú estás conmigo.

Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
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