sábado, 24 de mayo de 2014

Juan 15,18-21.

Jesús dijo a sus discípulos: 
«Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí.
Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.
Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes.
Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»


El odio es la antítesis del amor, son polos opuestos y hay una guerra permanente entre ellos:
uno trata de destruir, de poner cizaña, de violentar las almas, de meter deseos de venganza en el corazón, recuerda siempre el mal que le han hecho y procura devolverlo multiplicado, ve en el otro a un enemigo del que hay que defenderse y si es posible atacar, no le importa dejar amigos traicionados, hermanos dolidos, incluso padres llorando por el desamor de los hijos… ese, el odio trae dolor, desunión, soledad, goce pero no alegría…

El otro, el amor, trae paz. La paz de Jesús es la fuente de gozo que él nos comunica, allí abrevamos nuestra felicidad, nuestra sabiduría. Allí bebemos agua viva para formar nuestras familias, para encarar nuestros proyectos de vida, para vivir el día a día con felicidad, allí bebemos fidelidad para nuestras relaciones de noviazgo o matrimonio, allí tomamos el agua de la fortaleza y renovación de la vocación sacerdotal o religiosa…

Jesús nos ha llamado para estar cerca de este pozo de agua viva.
El mundo no lo entiende o nos odia por eso.
Odia ver al cristiano sonreír, por eso le procura exceso de goce para producir la depresión luego,
odia ver al cristiano con razonamiento propio no dejándose llevar por la masa, odia que el cristiano no sea un número más que se “come” todo lo que tira el mundo sin masticarlo,
odia que el cristiano tenga paz que sea contagiosa, porque pierde “rating” entre sus seguidores,
odia que el cristiano lleve una cruz en el pecho y sobre todo en el corazón, porque él es el “patrón del mal” y quiere que todos le tengan miedo y por lo tanto le obedezcan,
odia ver niños y jóvenes felices, en paz, odia ver jóvenes que no transan con la mediocridad sino que quieren vivir ,aunque sea contra corriente , pero siguiendo la estrella del bien y del amor, por eso pone zancadillas, por eso se ríe cuando ve a uno de los “buenos” caer, por eso se goza en la mentira, en la corrupción, en el libertinaje sexual…
 

Ojalá entendiéramos que Jesús nos rescató de todo esto para hacernos uno de Él, ojalá que viviéramos siempre dando gracias a Jesús por “ser” de Él, por llevarnos a la fuente de agua viva , por protegernos, por cuidarnos, por buscarnos día y noche durante nuestra corta o larga vida, por amarnos tanto. Somos de Jesús. El mundo no quiere eso. ¿ a quién escuchamos?
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