lunes, 26 de mayo de 2014

Juan 15,26-27.16,1-4.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Les he dicho esto para que no se escandalicen.
Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.
Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho. No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes.»

Ustedes también dan testimonio…nosotros, habitantes de este siglo y de cada lugar. Estas reflexiones la leen gente de muchos lugares diversos, en mi mismo idioma o traducido. Y todos tenemos, o mejor dicho, somos ese mismo Espíritu que nos une como una red invisible, él es el alma del cuerpo que es la Iglesia, un cuerpo formado por millones y millones de seres humanos que creemos en la cruz de Jesús, y que damos testimonio de su resurrección.
Dicen que una Eucaristía se consagra cada minuto en el mundo, nosotros vivimos aquí, pero tenemos la misma fe, el mismo credo, rezamos lo mismo, leemos el mismo evangelio todos los días, tenemos el mismo Papa que nos une a todos, tenemos el MISMO ESPÍRITU. Ese que nos hace recordar, primero, entender,  que nos hace vivir como si estuviéramos en los tiempos de Jesús, o sea nos hace vivir en un solo cuerpo a los de América y Europa, Asia, África u Oceanía, y nos une en el tiempo a Jesús, a María, a los santos, y a todos y cada uno de los cristianos que pasaron por esta tierra y que ahora nos preparan también ellos una morada en el cielo que  luchamos por merecer…

así, sintiendo así al Espíritu Santo, ¿Por qué tener miedo a dar testimonio?, estamos como en una gigantesca cobertura, una red invisible , somos parte de un Alma de un Espíritu Santo, fuerte, astuto, audaz, sagaz, valiente, sabio, consejero,  y cada uno tendría que pensar que es lo que le falta en su vida de apostolado, pensar que el Espíritu lo tiene y lo da, y por lo tanto vivir tranquilo porque de seguro lo tendremos.
 
A unos les falta entender…el Espíritu permite comprender las cosas de Dios…
A otros le falta coraje… el Espíritu Santo les da fortaleza, decisión para encarar las cosas…
A otros le falta rapidez para defender las ideas y la vida cristiana, el Espíritu da sagacidad, astucia, elocuencia…

Si Él no nos hubiera sido dado, la vida de Cristo, sus obras, sus milagros, hubieran quedado como un simple recuerdo en la memoria colectiva, y ¿cuánto podría haber durado? Veinte, cincuenta años…un siglo…dos… sin embargo tenemos más de dos mil años de historia cristiana y Jesús sigue más vivo que nunca… aquí en Argentina, cuando se habla de Gardel se dice: cada día canta mejor, aunque falleció hace casi ochenta años… de Jesús podemos afirmar parafraseando esto: CADA DÍA ESTÁ MÁS VIVO, porque el Espíritu Santo, nos mueve hacia Él, nos hace amarlo y nos hace testimoniarlo…


Pidamos al Espíritu Santo que de fortaleza a nuestra fe, le gritemos CREO PERO AUMENTA MI FE, le pidamos que nos de fortaleza para llevar a Jesús a nuestro metro cuadrado diario, a nuestro trabajo, facultad, colegio, hogar…que podamos llevarlo en toda nuestra semana que comienza.
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