jueves, 22 de mayo de 2014

Juan 15,9-11.

Jesús dijo a sus discípulos: 
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»

Permanecer en el amor… me tomo la licencia de copiar la letra de Mercedes Sosa, cambiando vida por amor… por supuesto que faltará  el ritmo y la coincidencia  de terminaciones en cada prosa.

No, Permanecer y transcurrir
no es  perdurar, no es existir,
ni honrar AL AMOR!
Hay tantas maneras de no ser
tanta conciencia sin saber,
adormecida...
Merecer EL AMOR, no es callar y consentir
tantas injusticias repetidas...
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que AMAR
honrar EL AMOR
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad
enceguecida.
Merecer EL AMOR es erguirse vertical
más allá del mal, de las caídas...
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que AMAR
Honrar EL AMOR!

Es que el amor de Jesús y en Jesús, nos debe hacer creativos y entregados a los demás. No es un amor estancado en palabras bonitas que se dicen dos enamorados al comienzo de su relación cuando aún domina el enamoramiento… el amor en Jesús y a Jesús, nos hace salir de nosotros mismos para entregar o tratar de hacerlo, el mismo amor aunque sea en cuentagotas, con nuestras limitaciones , con nuestro temperamento y carácter, donde estemos, lo que seamos :sacerdotes, monjas, obispo, laicos, empleados o jefes, maestros o alumnos…

No se trata de permanecer en ese amor como quien conserva una cajita de cristal que nadie puede tocar, o como si fuera un talento regalado por Dios que uno entierra por temor o vergüenza…se trata de honrar ese amor, sentirse alagado por Dios que nos regala infinidad de dones y es vivir en consecuencia, honrando como hijo o hermano de Jesús ese amor entregado gratuitamente.


Así habrá gozo, porque , como alguno lo habrá experimentado, hacer que una sola persona, aunque sea una, vuelva sus ojos a Jesús, y convierta su vida, o ver el rostro alegre de un niño o un joven al que hemos ayudado, o ver los gestos de dolor que se van apaciguando por una visita que efectuamos a un enfermo o anciano ,  no tiene precio . Es una alegría difícil de definir, es el gozo que da compartir el amor.


¡A Honrar el Amor de Jesús!
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