miércoles, 14 de mayo de 2014

Juan 15,9-17

Jesús dijo a sus discípulos: 
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.



Hoy es San mateo, alguien que escuchó en vivo y en directo estas palabras de Jesús.
¿Cómo habrá sonado en sus oídos y en los de sus compañeros, estas palabras?

 En este tiempo moderno de comunicaciones increíbles, en algunos partidos de futbol, la
televisión nos muestra (única forma de llegar hasta ahí), la arenga que los jugadores hacen antes de salir al campo de juego, pasional, vehemente, estimulador, entonces cada jugador sale superando aún sus propias fuerzas, y se convierte en un guerrero que sale a conquistar el mundo, simplemente por un partido de futbol o por cualquier deporte: se abrazan, se toman fuerte de los hombros, son un solo racimo, el espíritu se contagia, once jugadores que salen como si fueran uno, dispuestos a entregar el sacrificio personal por el bien del equipo, a ser uno más de la maquinaria que debe funcionar , no para lucimiento personal, sino para bien del grupo…

Perdón por mi comparación simple y futbolera, pero si Jesús hubiera podido, los abrazaba a todos, los hacía que se abracen entre todos, que hagan un solo espíritu, y Él en el medio les gritaría:
 salgan a la cancha a demostrar lo que hablamos, salgan a conquistar almas, a ustedes no les llamo siervos, les llamo amigos, porque les di a conocer cada uno de los secretos de mi Padre, ustedes son mis amigos si hacen lo debido, sean uno, ámense como yo les he amado, como yo les amo, hasta da la vida, hasta el sacrificio, hasta el cansancio entregado por el otro, corran la cancha, no se queden quietos, vayan, ataquen, no se queden siempre a la defensiva o esperando, el mundo los requiere, deben llevar eso que yo les di: solidaridad, amor, ternura, dignidad, muestren a los demás que se puede ser de Cristo y ser feliz, que se puede amar a Cristo y ser un joven que vive una vida normal con estudios, diversiones, noviazgos… el rival querrá quitarles la alegría, les querrá instalar la tristeza…entonces acuérdense que yo los elegí par triunfar, para ser feliz, el fruto de nuestro equipo será la alegría de los demás
 

Hoy en ese racimo de jugadores que escucha la “arenga” del Señor estamos vos y yo, y cada día nos lo repite: ámense como yo les he amado, así hasta que duela… vayan y den frutos, que las nuevas generaciones tengan el sello del amor, porque vienen desde vos que encontraste a Jesús, o mejor dicho que has sido encontrado por Él 
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