miércoles, 28 de mayo de 2014

Juan 16,12-15.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
"Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

"Todavía tengo muchas cosas que decirles…”, Juan, recordaba al escribir su evangelio muchos años después de morir Jesús, esa frase que les dijo en la última cena, a manera de despedida. Llevaban tres años con Él, y aún había cosas que “habían quedado en el tintero” como se decía antes, cosas por decirse, cosas por aprender, cosas por vivir…¡tres años!...

También a nosotros…
 Quizás pasamos un fin de semana de una convivencia maravillosa y creemos que ya está, que Jesús nos dijo todo, que no hace falta nada más, y Él tiene muchas cosas más para decirnos.
O pasamos un tiempo ya desde que nos encontramos con Él, y creemos que ya está, que lo conocemos en profundidad, que sabemos su Palabra de arriba abajo…aún tiene muchas cosas para decirnos…

Quizás estuvimos toda la vida con Él, desde niño y ahora de adulto. Soy sacerdote, pastor, obispo, monja y corremos el riesgo de aburguesarnos en nosotros mismos , de creer que ya está que no es necesario seguir creciendo o escuchando su Palabra, de creer que ya hicimos mucho, que nos merecemos un descanso…aún tiene muchas cosas que decirnos…

Cuando decimos : “ya está”, “hasta aquí crezco”, “es suficiente con lo que hago”, “hago mis oraciones rutinariamente o religiosamente todos los días”, por ahí estamos cerrando el alma al Espíritu Santo que quiere seguir mostrándonos la verdad, el camino, que quiere seguir enseñándonos, a través de la Palabra de los sacramentos, de un momento de oración profunda y sincera.

Dejarnos guiar por el Espíritu Santo, será como navegar mar adentro. Jesús no dijo: vayan por el surco y recojan los frutos…dijo naveguen mar adentro y echen las redes…es que el mar no tiene ruta y el viento lleva a un lado o a otro, el “fruto” no está siempre en el mismo lugar, hay que buscarlo, sondearlo con la intuición, pero no se estaciona, va de aquí para allá…navegar mar adentro significará no estacionarnos, desinstalarnos, caminar, seguir, no tirar anclas ,y eso en la vida espiritual se dará cuando estamos abiertos al Espíritu que nos alumbra el camino a la verdad.


Tiene muchas cosas aún para decirnos… ¿nos dejamos iluminar por el Espíritu?

Ven espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor…
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