jueves, 29 de mayo de 2014

Juan 16,16-20.

Jesús dijo a sus discípulos: 
"Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver".

Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: "¿Qué significa esto que nos dice: 'Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver'?. ¿Y que significa: 'Yo me voy al Padre'?".
Decían: "¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir".
Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: "Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: 'Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver'.
Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo."


Tres años gozando de su presencia, “acostumbrados” a él, sabiendo que cualquier cosa que faltaba, lo solucionaba, que cuando había hambre entre la gente, Él lo resolvía, que estaban detrás del hombre más admirado y venerado del lugar, al que todos querían, el que perdonaba y hacía amarse entre ellos, el que los unía a pesar de las diferencias generacionales o culturales.
 El hombre más bueno de todos, y el más justo entre los justos.
El que se quedaba jugando con los niños y el que se ponía  muy molesto cuando algunos mercaderes, vivían las cosas del templo de la Casa de su Padre con liviandad,  gritando transando, mintiendo, robando con los precios…
Tres años felices a pesar de alguna que otra incomodidad…

Pero llegaba el tiempo de no gozar de su presencia, había que madurar en la fe. Llegaba el tiempo de la prueba, de la soledad, de la tristeza, de sentir el fracaso de seguir a un hombre que los dejaba con la ilusión de un Dios poderoso que jamás moriría, llegaba el tiempo de la persecución, de la burla de los demás, del “silencio de Dios”.

Casi igual a lo que nos pasa a los que seguimos a Cristo. A veces nos “acostumbramos” a su presencia, todo está bien, contemplamos su rostro en cada Eucaristía, todo es paz y amor, estamos rodeados de gente que piensa igual que nosotros, nos sentimos seguros en las manos de Jesús, Él es la vida y la verdad.
Según el Génesis, todas las tardes bajaba Dios a hablar primero con Adán y luego con Adán y Eva. Esto ,que es una representación fiel del trato del hombre con Dios, se da en esos tiempos de bonanza donde hasta nuestro rostro refleja la gracia, el Amor…

Pero pasa que por “poco tiempo”, que parece larguísimo, interminable, nos invade la tristeza, la desazón, sentimos el “silencio de Dios”, sentimos que se fue que no nos escucha, y nos sentimos solos, tristes, angustiados. Es la realidad de la vida, cuando creemos que Dios se esconde cuando se nos va un familiar querido, cuando fracasamos en alguna relación, cuando no salen las cosas en el trabajo, cuando escasea el mismo, cuando la plata no alcanza, cuando los hijos andan en problemas, cuando falta la salud propia o la de los seres queridos, cuando… ¡momentos de angustia y soledad!...


Hoy la Palabra nos dice ¡TENGAN CONFIANZA!,  dentro de poco me “volverán a ver”, o sea Él siempre está y estará y esa tristeza, chico, chica, joven, papá, mamá, se transformará en alegría y gozo, pero es necesario pasar por la “prueba” para ver cómo está de madura nuestra fe. Los once que quedaron , estaban esperando que pase esos momentos, sin entender mucho, pero confiados, y les llegó la alegría del encuentro nuevo y definitivo… ojalá que nosotros estemos entre esos once.
Publicar un comentario