viernes, 30 de mayo de 2014

Juan 16,20-23a.

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
"Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo."
La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar.
Aquél día no me harán más preguntas."

Hoy, los partos son menos traumáticos que en esa época…imaginemos: no había clínicas, no había ginecólogos ni pediatrías, no había esterilización, no había camilla o silla para parir, no había, llegado el caso, anestesistas ni enfermeras… había rincones más o menos cuidados en las casas que constaban con uno o dos cuartos grandes nada más. Nos llega el nacimiento de Jesús y ahí tenemos una prueba…aún eso, que sean menos traumáticos, siempre hay una angustia, un temor, un hormigueo en el estómago, tanto de mamá cuando va camino a la sala de parto, como del papá que tiene la hermosa gracia de poder acompañar.

En una gimnasia pre parto, recuerdo que antes de nuestro primer hijo, nos preguntaron en ronda con otros padres “parturiendos” que sentíamos… angustia, ¡miedo!...sin díganlo “sin miedo ni vergüenza” nos decía la psicóloga…uno tiene miedo, porque es una vida que viene pero hasta eso hay dolor, sufrimiento, cansancio, hay incertidumbre si romperá bolsa, si tendremos tiempo de llegar a la clínica, si estará alguien al lado de mamá en “ese” momento, si no habrán complicaciones, etc etc…( no estoy ayudando a las embarazadas )…pero, ¡no hay cosa más maravillosa ver (lo que yo hice) o sentir ( como sintió su mamá, ), salir al bebé, al esperado, al gestado, al que uno le ha hablado detrás de una pared de piel y músculos, de sentir que es parte de tu sangre, que fuiste co-creador con Dios!, y hay tanta alegría, tanto placer, tanto gozo, que es difícil explicarlo con palabras. Por la gracia de Dios, mi esposa tuvo sus cinco hijos con parto natural sin complicaciones pero con los mismos miedos y temores cada vez…

Esto que nos dice Jesús y que refiere al parto , es una lección de vida para todos y todas: no hay nada que cause más gozo que aquello obtenido con sacrificio, con dolor, con esfuerzo. Si es en el estudio, o el trabajo o en la profesión… fuera de nuestra vida aquellos que pretenden meternos eso de ganarse el dinero con la corrupción o con las casas de tragamonedas, o con planes que el gobierno tratando de ayudar, lamentablemente sirven muchos casos para fomentar la incultura del trabajo.

En nuestra vida espiritual, para saber que cuesta pero vale: le pregunté a Jesús si era difícil seguirle…Él me contestó : VALE LA PENA… decía un chico…

O en nuestra vida de conversión, cuando nos damos cuenta que dejar lo que debemos, apartarnos de ciertas amistades o de ciertos lugares, dejar vicios o adicciones, cortar con algunas actividades hechas por el “hombre viejo”, cuesta, pero vale…el gozo es eterno, la alegría es infinita, lejos de la alegría efímera de una noche o de un momento…


Vale la pena, aunque cueste.
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