martes, 6 de mayo de 2014

Juan 6,30-35.


La gente dijo a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo".
Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo".
Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan".
Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

El maná, ese regalo de Dios que llegaba todos los días menos los sábados, al pueblo que peregrinaba por el desierto, un fruto, que aparecía cada noche y mañana después de que el rocío hubiera desaparecido, una especie de semilla similar a la del coriandro  de color blanco, que tras ser molida y horneada se parecía a las obleas con miel( Wikipedia)…regalo de Dios, entregado por manos
de Moisés. Pero un alimento milagroso y nada más. La persona, años más años menos, moría porque moría su cuerpo, no era un pan de eternidad, ni un elíxir de la vida para no morir nunca.

Jesús, hoy se presenta como el Pan de Vida, un regalo también de Dios, para el pueblo que peregrina  por el desierto tratando de encontrar su destino. El pueblo primero, tenía esa meta fija, llegar a la tierra prometida. El pueblo nuevo, transita por la vida, por el mundo, por desiertos y valles fértiles, por llano y montañas, tiene el pan que sabe buscarlo por la técnica, la ciencia, hasta puede llevar alimentos para treinta o cuarenta días en lugares desiertos o de poca accesibilidad. Hoy, quizás no haga falta el Maná, pero hoy más que nunca hace falta ese Elíxir de la vida, hace falta el pan que da vida eterna, el pan que puede alimentar el cuerpo, pero que fundamentalmente alimenta el espíritu, ese que es eterno, que es siempre joven, que vuela a Dios cuando el cuerpo se derrumba, ese que es parte del gran Espíritu Santo, ese que se comunica con Dios, con los santos, con la Virgen María…

Aquel pueblo comió el maná y sin embargo, años más años menos todos murieron… este Pan del cielo nos alimenta el alma…¿lo comemos? ¿Es alimento de nuestra alma? O creemos que podemos pasar días, meses, años sin recibirlo. Si está para ser comido, está para ser
alimento, está para ser fortaleza, está para ser sostén de nuestras debilidades, está para hacernos felices ¿entonces?...

“No son muertos, los que en dulce calma,
La paz disfrutan de la tumba fría…
Muertos son los que tienen muerta el alma
Y viven todavía…”


"Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”. Gracias, muchas gracias Jesús
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