jueves, 8 de mayo de 2014

Juan 6,44-51.

Jesús dijo a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. 
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.

Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".


¡Cómo habrá recordado el pueblo judío, la Pascua, el éxodo por el mar rojo, la peregrinación por el desierto!.. La tradición oral, hacía un misterio más grande: ¡algo que cae del cielo, que se puede comer! ¡Realmente una bendición de Dios! era el alimento para el pueblo peregrino. La esperanza que Dios los estaba cuidando y que debían seguir buscando la tierra prometida, que debían seguir caminando. Vendrán dificultades, habrán muertes en el camino, habrá dolor, enfermedades, pero Dios estaba con ellos. Se acrecentará el sentido de comunidad, debían estar todos unidos, pues alguno que se divida, perdía él y perdía el grupo… ese maná era un mensaje de Dios, era el tweets  que Dios escribía todos los días para decirles que estaba con ellos, era alimento para el cuerpo cuyas fuerzas se desgastaban con el sol y el frío, con el cansancio, con la edad, con la incertidumbre. Si, Dios estaba con ellos. Era mejor esa vida en peregrinación que la comodidad de la esclavitud en Egipto… buscaban su propio destino, aquello era seguir trabajando en la película hecha con un guión que no les pertenecía ni lo identificaban…
Ese pan era alimento, pero alimento para el cuerpo. No impedía que la gente crezca, se haga mayor, muera…

Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".

En nuestra vida hay peregrinación, hay desierto, hay sol y hay noche, hay calidez y hay frío, hay salud y enfermedad… hay pobreza y riqueza, hay juventud y vida adulta, se es hijo y luego se es padre y luego abuelo, cremas hay que impiden que se vea la edad, pero la edad siempre llega, porque peregrinamos.. y hay Pan, hay señal de Amor, hay alimento, hay Vida para siempre… desde ahora nos vamos enlazando a la eternidad, comulgar significa recibir al mismo Jesús que nos espera algún día, ya hay resurrección anticipada, pues nuestra alma permanece siempre joven, y eternamente feliz. Los pocos  gramos de pan que recibimos, se disuelven, bajan por nuestro organismo, se hacen parte de nuestra sangre, nos convierte en Jesús: ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí, dirá San Pablo.

Necesitamos ese alimento. El camino es largo y difícil aunque a veces parezca más bonito y más sencillo. Es un alimento que nos une entre nosotros, lo necesitamos para vivir la vida de comunidad, para aceptarnos, para ayudarnos, para sentir al otro como parte mía. Aquí hay Maná  de eternidad. Para vos y para mí. Te espera.



Feliz día de la Virgen de Luján en Argentina. Ella, la mamá buena,  llevó a Jesús nueve meses como sagrario viviente y nos lo dio para la vida. ¡Gracias María de Luján! Cuida a tu pueblo argentino
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