viernes, 9 de mayo de 2014

Juan 6,52-59.

Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". 
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".
Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.

Comenzó a elevar su discurso, a hablar cada vez más fuerte y convencido, dejó por un instante de mirar a los que lo escuchaban y miraba al cielo, …si no comen la carne del Hijo del Hombre , ¡¡¡si no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes!!!!  ¡¡¡El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna!!!...
¿Qué habrán pensado aquellos interlocutores?, está loco, es un caníbal, esta desquiciado, ¿a éste siguen ustedes? le habrán preguntado a los discípulos.

Nosotros haríamos lo mismo. Hoy nos parece, conociendo el final de la historia, algo natural  lo que dijo. Sabemos muy bien que todo adquirió significación cuando en aquella última cena con sus muchachos dijo, tomando un pedazo de aquel pan, les dijo: tomen y coman…este es mi cuerpo… y tomando la copa con vino les dijo: tomen y beban esta es mi sangre… aquellas palabras de Jesús, estas palabras de Jesús, los discípulos entendieron todo aunque en ese momento también habrán dudado pero el amor que le tenían, los hizo quedarse…

Entonces , estas palabras para nosotros tendrían que ser suficientes para amar cada día más la Eucaristía. Ahí está el cuerpo y la sangre de Jesús, Él lo dijo.

 ¿Le creemos? Si decimos que no, bueno sería pedir fe para creer, porque, hermano, hermana, esto es vida, aquí se une lo infinito con lo finito, lo inconmensurable, con mis limitaciones, Dios, si, Dios o como lo llames, que se une a cada uno, que entra, que sana , que limpia, que cambia cada célula de mi ser, que me hace nuevo, que me rejuvenece…

Si decimos de si, entonces deberíamos ir todos los días a un templo, a hablar con Él, no con una imagen de yeso o un cuadro de tela: con ÉL, con Dios… no se trata de ir a una entrevista con el gobernador o el presidente, ni con el obispo ni con el Papa…vamos a hablar con Dios… aunque sea cada dos días, aunque sea tres veces a la semana… Aunque sea un día a la semana y recibirlo… es que ahí está el alimento, ahí está lo que sacia nuestras ansias de eternidad, ahí está lo que me llena y satisface, con Él no necesito tener crédito en el celular o batería, no necesito una tablet, lo nuestro con él es cara a cara, mirada a mirada, corazón a corazón, porque está vivo, me escucha, me ve, me ama, me cuida.

El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.  Eso nos dijo. Jesús permanece en nosotros y nosotros en Él…¡ qué maravilla!. Gracias Jesús
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