sábado, 14 de junio de 2014

Mateo 5,33-37.

Jesús dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.
No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.
Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.



Si nuestras relaciones fueran más transparentes, no haría falta prometer para cumplir.
Si nuestras relaciones fueran más transparentes, no harían falta “pagarés”, ni documentos firmados. No harían falta juramentos para cumplir con una profesión, ni juramentos para expresar que nuestro comportamiento en el tiempo que nos toca gobernar o legislar serán honestos, sinceros, de cara al pueblo, sin corrupción, juramentos que muchas veces se hacen jurando en falso pues no se cumple lo que uno jura.
Si nuestras relaciones fueran más transparentes, no haría falta jurar por Dios, por los hijos, por la madre, por nada ni por nadie, pues la sola palabra bastaría.


Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no.  Esa es la forma de hablar y obrar según el evangelio.

¿Nos creen? ¿si? ¿No?, ¿por qué?. ¿Fuimos mentirosos y hasta juramos por Dios y luego fallamos? ¿Fuimos poco transparentes cuando hablamos? ¿Mentimos y por eso la gente que está a nuestro lado nos perdió la confianza, entonces debemos jurar para que nos crean?


Ojalá que nuestras relaciones con los demás sean lo suficientemente transparentes para que nos crean. Y si no fue así, estamos a tiempo de cambiar y lograr en el tiempo (a veces largo) y con paciencia, que los demás puedan confiar nuevamente en nosotros.

Alguna vez, cuando las maestras nos encontraban en  falta, nos hacían escribir cien veces en el cuaderno, algo que nos recuerde lo que fallamos para corregir y mejorar. Hoy, en un cuaderno imaginario podríamos escribir cien veces:

Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no.  

 Que nuestra vida sea transparente para que lo que sale de nuestra boca sea cien por ciento confiable.
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