lunes, 16 de junio de 2014

Mateo 5,38-42.

Jesús, dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra.
Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto;
y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.



La justicia de los fariseos que Jesús quiere purificar. Aquella del ojo por ojo, diente por diente,  del Lévítico, era para que los jueces no cedan antes las presiones del autor del delito, cuando las víctimas no tenían los mismos medios para defenderse. Era un avance, pero Jesús la “baña” con la ley del perdón. No quiere reemplazar la justicia, necesaria para la convivencia humana y conveniente para equilibrar nuestras relaciones, la quiere para que nosotros los cristianos, que vivimos (o al menos decimos) de una manera distinta la apliquemos en nuestras relaciones humanas ,y mucho bien haría que pueblos enteros, se dedicarán a perdonar ofensas de agresores de hoy o de ayer, y no armarse más para devolver golpe por golpe al que agredió alguna vez.


Ante la violencia recibida, nuestra reacción natural es pagar al otro con la misma moneda, pero si alguien no es capaz de decir “¡basta!”, la espiral de violencia nos dejará sin salida.
 
Juan Pablo II decía: La espiral de la violencia sólo la frena el milagro del perdón

Hay una historia muy ilustrativa que resumida cuenta que una mujer fue mordida por un perro en la calle, llegó al hospital, nerviosa y gritó a la enfermera porque no se apuraba y le hacía mal las curaciones…la enfermera se puso nerviosa y fue a hablar con el médico  gritándole porque no estaba en la guardia , que lo iba a denunciar, que se atenga a las consecuencias, el doctor fue al director del hospital y le gritó por la clase de enfermera que tenía, porque no habían los insumos necesarios, que lo iba a denunciar ante las autoridades…el director fue a su casa y le gritó a su mamá que la comida estaba fría, horrible, que no tenía sabor, que él merecía que su madre lo trate mejor porque llevaba el sustento al hogar, la madre, le dijo: bueno hijo, mañana prometo tenerte la comida lista, más calentita y con mucho más sabor, hoy tuve un mal día y no pude hacer bien lo que debía, te prometo que mañana será mejor, anda a dormir ahora que  tu también tuviste un día malo… aquella mujer había roto, destrozado, triturado, la espiral de violencia. El hijo, reaccionó, besó a su mamá, y se dio cuenta lo que la simple mordedura de un perro ocasionó en la vida de tantas personas que no tuvieron la grandeza de detener la espiral del odio.
 

Esta mujer, lo solucionó con lo magnánimo de su corazón, hizo lo que podía y tenía a su alcance. ¿Qué hacemos nosotros cuando la rabia nos invita a vengarnos el doble o triple de lo que nos hicieron? Que sea con grandeza de espíritu rompiendo siempre esa espiral, no hablando de más, no llevando chismes y poniendo a unos contra otros,  no desear la venganza, no desear que le vaya mal al otro, antes bien bendecirlo, rezar por él.
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