martes, 17 de junio de 2014

Mateo 5,43-48.

Jesús dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

El prójimo era un miembro del pueblo de Dios. amarse entre ellos no pasaba de un instinto inscrito en la misma naturaleza del hombre, ayudarse, dejarse ayudar, amar al igual , dejarse amar por el igual, compartir con el paisano…
el verbo odiar en hebreo, tiene un sentido mucho más amplio que el que nosotros entendemos,  como por ejemplo negarse a una relación amistosa, no ayudar al extranjero, “pasar de largo”, no ocuparse de él, hacer como que “no existe”, matarlo con la indiferencia, nunca, por supuesto, confiar en él.

En la mayoría de nuestros pueblos ya ha desaparecido esta “exclusividad” de amor y aún así seguimos tratando a muchos, incluso a los que están más cerca nuestro, de la misma manera como antes se trataba a los que se “odiaban”, pasamos de largo, somos indiferentes a su dolor, no ayudamos al que vemos caído, ignorante o pobre, lo excluimos por su nacionalidad, nos burlamos por el color de su piel, lo “matamos” con la indiferencia  incluso a nuestros padres y abuelos…

Jesús hoy nos manda a amar a todos , sobre todo a los que llamamos enemigos.

O sea que el amor supera lo que puede ser una cuestión de piel y química, porque hay personas a las que cuesta amar, a las que cuesta tener cerca, personas que ya tenerlas cerca es una molestia, que nos fastidian, que nos humillan permanentemente con sus palabras o gestos o que la sola presencia no recuerda momentos dolorosos vividos en otro tiempo…

Entonces amar será bendecirlos, es decir desearles el bien, será rezar por ellos, será ayudarlo cuando lo necesiten, será enseñarle cuando veamos que son ignorantes en algo, será corregirlos cuando lo vemos que yerran, será también , ayudarles a llevar su carga, será evitar contemplarlo y decir: lo tenés merecido, vos te lo buscaste, era hora que te pase esto, ojalá te mueras, y tantas frases que decimos cuando sentimos un daño muy grande en el corazón.

Jesús, un inocente, amigo de todos, hermano solidario con las penas de todos, que amó a un
buen tipo, como a una prostituta y jamás le enrostró sus pecados,  que llamó a unos pescadores rudos y también a uno que era “enemigo” de su propio pueblo. Ese Jesús, fue llevado como delincuente, arrastrado, golpeado, juzgado en medio de la burla de los que Él amo, azotado, desnudado, coronado con espinas que le hacían perder más sangre, burlado en su camino al calvario, hecho el “hazmereir” de una turba que se regocijaba con la sangre derramada que pintaba su cuerpo, clavado en una cruz con clavos de verdad por soldados que creían estar colocando clavos para armar un cajón, colgado brutalmente, y en medio de sus convulsiones  que a cualquiera le sacan de equilibrio y  le hacen decir cualquier cosa, dijo Padre, perdónalos , no saben lo que hacen… hasta ahí había ganado la humanidad de su corazón, la compasión, la magnanimidad…


Quizás cuando algo nos cueste en esto de amar a todos, nos ayude a pensar en esos momentos de Jesús e imitar aunque sea en manera mínima sus gestos de amor hacia todos, incluso hacia quienes le hacían daño.
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