viernes, 11 de julio de 2014

Mateo 10,16-23.

Jesús dijo a sus apóstoles: 
"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre."

Como ovejas en medio de lobos. ¿Qué le costaba mandarnos entre medio de ovejas? Entre gente que piense lo mismo que nosotros, que concurra al templo como nosotros, que comparta la fe con nosotros? Así sería más fácil mantener la fe, la haríamos crecer, nos sentiríamos en paz…

Pero ¿Quién estaría en el mundo real? Ese que une ricos con pobres, blancos con negros, diferentes culturas e idiosincrasias, un mundo donde hay más lobos que ovejas, donde proclamas tu fe y te caen con la burla, con el desprecio, con el odio a veces, con la marginación, te dejan de invitar los que te invitaban siempre, te hacen a un lado hasta los que creías amigos.
Y es mejor que Jesús nos diga esto porque así estamos prevenidos, y sabemos cómo actuar.
Generalmente estamos ante un sistema  que es lobo para los que queremos vivir la fe: mucha televisión, mucho internet tratan de que olvidemos la fe, tratan de socavar la base de nuestros principios morales, hasta convierten a las personas en cosas utilizables que se descartan cuando ya no sirven, en físicos que se comercializan como “carne fresca” (aunque suene doloroso a veces presentan así el cuerpo de algunas mujeres jóvenes), y nos envuelven, a veces nos subyugan, y es cuando nuestra fe es puesta “ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos”

A Jesús le pasó que tuvo que presentarse frente a Herodes Antipas y pilato, también le pasará a los apóstoles donde los representantes del imperio tenían más poder que las autoridades locales… así ayer como hoy, porque hoy ese imperio es la globalización del mal, es la invasión de culturas foráneas con otras formas de vivir y que poco a poco han ido destruyendo nuestras familias, nuestros ideales, nuestra cultura, nuestra idiosincrasia, para hacernos del montón.

Hay una promesa en labios de Jesús: Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.

Perseverancia, ante la persecución de la fe, perseverancia, ante los embates del odio, de la venganza, de la guerra, perseverancia, ante la corrupción que golpea la puerta y te invita a salir para asociarte, perseverancia, coraje, valentía y mucha astucia porque aunque la gente viva en la normalidad, y en esa normalidad justifique todo, nosotros vivimos en la heroicidad de pensar con fe  cada acto de nuestra vida.

El espíritu santo nos acompaña. ¡Gran abogado defensor! Con Él tenemos respuestas, tenemos fuerza, tenemos rapidez, tenemos sabiduría.
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