jueves, 17 de julio de 2014

Mateo 11,28-30.

Jesús tomó la palabra y dijo: 
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.


Aprender de Él. Jamás hizo una exaltación de su sabiduría, de su inteligencia, de lo que sabía, como lo hacían algunos doctores de la ley de aquel entonces. Hoy les dice a sus discípulos, y nos dice a nosotros, aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y se viene a la memoria todos aquellos momentos que nos mostró con su ejemplo esto que hoy nos dice:

De rodillas lavando los pies de sus discípulos, de sus “alumnos”, de sus “empleados”, de sus “clientes”, de sus “pacientes”…
Aguantándose la turba de la gente, protegiendo a aquella mujer pecadora, a la que salvó, con un toque de astucia escribiendo en el suelo, vaya a saber qué cosa, que hizo que los que estaban ahí, comenzando por los más ancianos, comiencen a retirarse…

Alabando a una pobre mujer que entregaba para el templo una simple monedita que era casi todo lo que tenía para vivir.

Alabando a aquel pecador que en el fondo del templo, no tenía cara para presentarse más cerca de Dios a causa del peso de sus pecados…

Aguantando escupidas, azotes, camino de cruz, clavos, espinas, muerte y que una de sus últimas palabras fuera “perdónalos Padre…”

Llamando a pecadores, corruptos, incrédulos, por el nombre y con la mirada, formando discípulos entre gente sencilla, humilde, sin preparación, enviando apóstoles, confiando en ellos, diciéndoles que vayan sin alforja ni dinero que confíen en la providencia…

Ese Jesús, hoy nos pide que aprendamos de Él, que lo miremos con los ojos del alma, que
pongamos en su vida nuestras preocupaciones, que aprendamos a cargar con Él nuestras penas, nuestro esfuerzo por ser mejores, por progresar, por dignificar nuestra vida y la de los demás. Que confiamos en Él, y dejemos que vaya a la par, que nos unamos a él en el esfuerzo como lo hacen los bueyes con el yugo puesto, entonces nuestra carga será más ligera, podremos dar pasos firmes, nos sentiremos acompañados a pesar que el mundo nos olvide, sentiremos el abrazo fraternal de Jesús.


Jesús hoy nos dice: nada como ir juntos a la par. ¡Él nos dice a nosotros! Una vez más vemos en la cabecera de nuestro Face: Jesús quiere ser tu amigo. Ojalá lo aceptemos.
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