sábado, 26 de julio de 2014

Mateo 13,24-30.

Jesús propuso a la gente otra parábola: 
"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'.
El les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'.
'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'".

Al diablo lo visten de rojo con tridente, cola larga, cuernos, una barba candado finita y unos ojos infinitos  de fuego y mal. Si se apareciera así vestido en la sociedad, seguro que salimos corriendo, asustados, llenaríamos nuestras Iglesias, los católicos nos confesaríamos más seguidos, rezaríamos mucho más, seríamos muy custodios de nuestra fe, prepararíamos escudos protectores para defender nuestra vida, la de nuestras familias y amigos, quizás el miedo nos impulsaría a ser mejores cristianos, limpiando nuestra conciencia, ahuyentando males. Ese día de “sahumerio” para limpieza de casas, se haría más seguido…
Pero no, el demonio no se aparece así. Es muy sutil, muy hábil. Sabe que así perdería adeptos y discípulos. Se esconde en medio nuestro y de nuestras instituciones.
Jesús no compara el trigo con cualquier mala hierba. Lo hace con la cizaña, una hierba que se parece al brote de trigo, pero que después da un fruto rojo que algunos dicen, enloquece al que lo come. Ya nos había dicho: no todos son pastores buenos, por los frutos serán conocidos…

Ayer y hoy, los cristianos (si nos sabemos trigo) estamos viviendo entre cizañas. El maligno lo siembra cuando estamos dormidos, cuando bajamos los brazos, cuando dejamos
de rezar, cuando dejamos de crecer en la fe, cuando nos cansamos de Dios, cuando nos cansamos de ser buenos, cuando estamos tristes, cuando dejamos de confiar en Dios, cuando dejamos de vigilar atentamente y los que viven los antivalores, se meten en la sociedad como un cáncer. La maleza, quita el agua y los minerales que el trigo necesita para crecer.

Lo bueno sería que en nuestro campo, no crezca la cizaña, pero es casi inevitable. Siempre habrá mentiras (el demonio es el padre de ella), discordias, peleas, antivalores, que se confunden con el trigo, que parecen ángeles de luz y terminan siendo la cizaña que nos quita vida.

Pero eso no nos debe hacer que dejemos de ser trigo. Que no perdamos la esencia, que nos distingamos en la sociedad por ser de los “buenos” que siempre por los frutos nos conocerán, que no permitamos que la mentira triunfe, que la injusticia se enquiste, que el mal tenga dominio sobre la vida, sobre mi familia, en mi grupo de amigos, seamos trigo, y cuanto más seamos, menos espacio dejaremos a los que son cizaña.
Y recemos, no durmamos  que el maligno está esperando nuestra inacción para sembrar en nuestro corazón y en el de los que nos rodean, la cizaña, el mal, la mentira.

Es inevitable su presencia entre nosotros. Pero cuanto más fuerte seamos, menos daño nos hará.
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