jueves, 14 de agosto de 2014

Mateo 18,21-35.19,1.

Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". 
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.



Hagamos un cálculo: un talento equivalía a 35 kg de oro… diez mil talentos, equivalían a  350 toneladas de oro, algo que jamás, el esclavo, junto a su esposa e hijos, podrían recuperar ni pagar… un denario, era el equivalente a un día de trabajo, o sea los cien
denarios era el equivalente a cien días de trabajo, más o menos 30 gr de oro.  Esta exageración (imposible que aquel hombre deba tanto, ante este otro que debe poco) no es ni más ni menos que para comparar el exquisito y extraordinario amor y misericordia del Padre, que invita a hacer lo mismo a nosotros.
Junto con mi esposa y a un gran número de hombres y mujeres adultos, trabajamos con jóvenes a  quienes nos interesa ayudar porque alguien nos ayudó a nosotros antes. Somos los que pensamos que es mejor ayudar que criticar, solucionar que diagnosticar, hacer que hablar… y nos duele muchas veces el alma, viendo como cada vez más, llegan chicos con el alma destrozada, sin esperanza, sin ilusión, con cicatrices profundas hechas por otros, con odios encerrados, con mucho dolor, sin poder perdonar…mochilas enormes cargadas sobre sus espaldas, que llevan solos porque muchas veces los mismos familiares no les creen el dolor, la angustia… y uno se da cuenta que mientras no aprendan a perdonar, a liberarse de ciertas cuestiones, no podrán salir adelante, no podrán iniciar un proyecto de vida que los incluya como actores protagónicos, sino que siempre estarán actuando según el guión  escrito por otros, guiones muchas veces de películas de terror que los hace vivir una pesadilla por mucho tiempo.
Ayer. Entre tantas cosas que llegan por internet, o el facebook, llegó una gráfica con la inscripción siguiente:
lo que NO DEJAS IR, LO CARGAS, lo que cargas, TE PESA, y lo que te pesa, TE HUNDE…hoy practica el SOLTAR, PERDONAR Y DEJAR IR

y se acompaña con una mujer que sube una cuesta cargando una enorme piedra sujeta a una piola… esa mochila que cargamos, ¡cuánta falta haría tirarla ya y seguir adelante! Hasta por una cuestión de salud personal, por amor a uno mismo, por desearnos el bien, por no dejar que nada ni nadie pueda tener  autoridad sobre mi vida, solo yo…

Nos puede ayudar la psicología, incluso la psiquiatría, pero no basta con eso. Necesitamos la ayuda inconmensurable de Dios, el poder de Dios, la mano de Dios, los dedos de Dios tocando nuestras heridas ayudándonos a perdonar. Difícilmente podamos olvidarnos, somos personas inteligentes y sanas que los recuerdos ocupan siempre un lugar  privilegiado
porque son parte de la memoria. El perdón significará pensar en todo eso y no perder la paz, es soltar, es decir ya, es mirar en positivo hacia adelante y no quedarnos atados a una pequeña estaca que no nos deja caminar.

La misericordia de Dios está, ayuda , sostiene. Esa misma misericordia que perdona nuestras faltas, nuestros errores, hasta el hecho de muchas veces no poder ni saber perdonar. En ella encontramos paz y alivio. La aprovechemos.


Digámosle: Señor, dame la gracia de poder perdonar, acaricia mis dolores, mis heridas, cúralas, bendice a … que me hizo un daño…poco a poco sentiremos esa paz que viene del cielo, una paz que libera.
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