sábado, 16 de agosto de 2014

Mateo 19,13-15

Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, 
pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.

Aquella vez les dijo a sus discípulos que se hagan como niños. Hoy, larga un mensaje por elevación para todos y todas: hay que hacerse como niños, porque los que son como niños entran a la felicidad eterna.
Veamos aquel cuadro. Algunos le trajeron sus niños, ellos, seguramente sucios como todo niño, por los juegos, por el día a día, molestarían al maestro, por lo que sus discípulos, no los dejaban entrar. El Papa francisco, iguala esta actitud a todos los que de una u otra manera se ponen como “patovicas” diciendo quien entra y quién no a la Iglesia. Peor, aun, aquellos que con sus actitudes impiden que alguien se acerque, que alguien crea en Jesús, que alguien se deje ganar por el amor de Jesús. Aquellos que deberían ser ejemplos, ser luz, para ese primer momento de encuentro de cada uno con Cristo, a veces son anti testimonios que corren a la gente con sus actitudes, que impiden llegar hasta el maestro. Y en esto entramos curas, monjas, pastores, laicos.
¿Qué pretendían? Que Jesús estuviera rodeado de gente buena, sin problemas, aduladora, simpática, colaboradora, ¿ Qué viviera como en una burbuja diciéndole todo el día: está todo bien Jesús, toda le gente es buena, toda la gente te quiere, todos están limpios?  Dejen que se acerquen a mí, no se lo impidan, fue el reto de Jesús. Muchas veces el hambre de Dios que hay en el mundo, nosotros mismos fuimos los que, en vez de alimentar con la Palabra con el testimonio, hemos aumentado alejando a la gente de los lugares donde “se puede comer”, hemos colaborado para que haya más hambre de Dios y no para alimentar esa necesidad de los que nos rodean por acercarse a Jesús.
Y después el niño: recuerdo aquella canción de cuna de Facundo Cabral:
No crezca mi niño,
No crezca jamás,
Los grandes al mundo,
Le hacen mucho mal.

El hombre ambiciona,
Cada día más,
Y pierde el camino,
Por querer volar.



Vuele bajo,
Porque abajo,
Está la verdad.
Esto es algo,
Que los hombres,
No aprenden jamás
 Por correr el hombre
No puede pensar,
Que ni él mismo sabe
Para donde va.

Siga siendo niño,
Y en paz dormirá,
Sin guerras,
Ni máquinas de calcular.
Ahí está la verdad. Lamentablemente con el tiempo vamos enterrando muy profundamente el tesoro de la niñez, un  tesoro que contiene confianza, amor desinteresado, sencillez,
sinceridad, intuición, ternura, bondad. No se trata de vivir con estos valores solamente, se trata de enlazar, los nuevos con los de niños, dejar salir el niño interior, reír más, jugar, darle tiempo a los amigos, compartir más, discriminar menos, confiar más, tirarnos en los brazos de Papá Dios , tener poco miedo al ridículo, ser uno mismo y no vivir según las apariencias. Vuela bajo, porque abajo está la verdad…

Desenterrar los valores de la niñez, linda tarea para el día.
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