martes, 19 de agosto de 2014

Mateo 19,23-30.

Jesús dijo entonces a sus discípulos: "Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. 
Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos".
Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible".
Pedro, tomando la palabra, dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.
Vez pasada cuando el evangelio nos traía a los niños, Facundo Cabral nos ayudó con su canción de cuna. En muchas actuaciones él, al final hacía un recitado que dice.

Diógenes cada vez que pasaba por el mercado 
Se reía porque decía que le causaba mucha gracia 
Y a la vez le hacía muy feliz 
Ver cuántas cosas había en el mercado 
Que él no necesitaba. 

Es decir que rico no es el que más tiene, 
Sino el que menos necesita. 

Es decir, el conquistador por cuidar su conquista, 
Se convierte en esclavo de lo que conquistó, 
Es decir, que jodiendo, 
Se jodió. 
más 
Dios quiera que el hombre, 
Pudiera volver, 
A ser niño un día 
Para comprender. 

Que está equivocado, 
Si piensa encontrar, 
Con una chequera, 
La felicidad.
¡De cuántas riquezas llenamos el alma! no es cuestión que tener dinero, ser rico, ya los excluya, o sea no es cuestión de que el pobre, por no tener, ya esté salvado. Algo hay en el corazón del hombre que lo hace rico. El rico de bolsillo, ese que cree que todo el mundo le pertenece, que debe llevarse a todos por delante, el que hace ostentación de dinero al lado de los que no tienen, el que acumula, el que compra y compra, el que aprovecha a los demás para subir, el que explota al hombre, el que no se fija en medios con tal de conseguir el fin de aumentar sus riquezas, difícilmente podrá participar de estas cosas. Pero entre los ricos, hay gente buena, y entre los pobres hay gente con corazón ensoberbecido, orgulloso, intolerante, lleno de otras riquezas, que enceguecen el corazón, el alma, los encierra, los aísla.
Entonces surge esta nueva definición de rico que nos habla el gran Facundo:
Es decir que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. 
¡Cuántas necesidades  metimos en nuestras vidas! Nos inventamos necesidades: desde los
electrodomésticos, el celular, el auto , hasta los últimos auriculares, un par de zapatillas de moda, la moda en sí, pasando todo ello por alimentos de tal o cual marca con tanto contenido de tal cosa, tal que si salís de ahí, poco menos que te mueres antes…
Estas palabras de Jesús: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible", dichas con la profundidad del Maestro, mirando fijamente a los apóstoles (todos tenemos esa película, cuando alguien nos miró fijamente y nos dijo algo)  también nos da certezas y paz. Es que muchas veces tenemos “imposibles” en nuestra casa, entre nuestros amigos, o familiares. Personas que llenaron su corazón de riquezas que los alejan de Dios y de sus hermanos, porque, están metidos en el mundo de la droga, del alcohol, de la espiral de la violencia, en el juego compulsivo, en organizaciones mafiosas, en sectas satánicas, muchas riquezas que hacen decir al Señor: es imposible que un camello entre por el ojo de una aguja, un proverbio que se decía cuando algo era imposible humanamente hablando. Sin embargo para Dios no hay imposibles.
Quizás sea un buen día para poner en nuestras oraciones y decirle al Señor quienes son los “ricos” por los que pido. Santa Mónica, rezó casi treinta años por la conversión de su hijo Agustín, y él supo escribir en sus famosas Confesiones:
Ella me engendró sea con su carne para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón, para que naciera a la luz de la eternidad"

Santa Mónica creyó en esto: para Dios no hay imposibles. ¿Rezamos por nuestros “ricos”? comencemos ya mismo.
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