viernes, 22 de agosto de 2014

Mateo 22,34-40.

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, 
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?".
Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".
¡Qué fácil! Listo, sé la lección. Es lo que siempre me dijeron en lugares religiosos donde fui: amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo… lo sabemos de memoria, son  fáciles como tabla del 2, dicen…
El tema es cuando comenzamos a meternos en la Palabra, en estas frases de  Jesús, que evoca el Deuteronomio:
 Oye, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor.
“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
“Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.

El único Señor, y resulta que llenamos nuestra vida de ídolos, tenemos necesidad de ellos, alguien en quien creer, a quien admirar, a quien seguir, referentes de la vida.  Escuchaba estos días, el caso de una joven de 15 años, que  comenzó mostrando sus dotes con el skate y en poco tiempo tenía 300.000 seguidores en el facebook. Entonces les comenzó a mostrar lo que realmente quería hacer que era cantar, y lo hace como Justin Bieber y entonces ahora tiene fanáticos y fanáticas enloquecidas con ella… y cuando uno ve a sus seguidores, realmente siente aquello que decía Jesús: estaban como ovejas sin pastor…esto es un extremo, pero permanentemente andamos buscando ídolos, salvadores, referentes. Y como muchas veces fallan los padres, entonces salimos y buscamos en la calle, en los medios, en el cine, en el diálogo con los pares…
O nos metemos con tantos ídolos actuales: el dinero, el poder, la corrupción, somos adoradores de dioses falsos en quien confiamos la vida y resulta que se van o fracasan y con ellos, nosotros.  Hasta  un “trapo”, una bandera de cancha hay que dice: … sos la razón de mi vida… y por ellos morimos, y por ellos nos enfermamos y por ello nos alegramos y muchas veces más nos entristecemos…

Entonces no está claro eso de amar a Dios sobre todas las cosas.
O cuando nos llenamos de amuletos, de cábalas, o cuando confiamos más en el horóscopo que en la providencia, o cuando nos quedamos sin esperanza, o cuando dejamos a Dios fuera de nuestras vidas, de nuestros planes, de nuestros proyectos, cuando no le ponemos como principio para nuestras acciones, cuando por días y días nos olvidamos de hablar con Él, cuando lo ignoramos, cuando callamos…

Y ¿el amor al prójimo como a uno mismo?...también parece fácil, pero tratando con muchos chicos y chicas, incluso con adultos, nos damos cuenta de lo poco que se quieren ,
de lo poco que se cuidan, que se perdonan… tantas taras en la vida aún sin sacar, tantas heridas profundas que sin querer o queriendo, no ayudamos a cicatrizar, desde la propia historia vital, no aceptando el origen, el color, las formas, la cara , el pelo… pasando por la infancia a las que algunos quizás han maltratado, y hasta la edad adulta en la que no pueden emprender proyectos nuevos por estar atados a una estaca, la estaca de los errores, del pasado y no pueden avanzar. Parece fácil decir: ama tu prójimo como a ti mismo, cuando no nos amamos, no nos cuidamos, no nos defendemos, no nos procuramos un futuro más venturoso, cuando somos perezosos,  y nos dejamos ganar por la falta de voluntad.


Mucho para pensar. A cada uno el zapato le ajusta de una manera diferente. Y todas las maneras, duelen. Ojalá nos dejemos llenar por el Amor con mayúsculas, para comenzar a mirar nuestra vida de otra manera, más optimista, más llena de vida y de energía verdadera.
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