miércoles, 27 de agosto de 2014

Mateo 23,27-32.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! 
Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos,
diciendo: 'Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas'!
De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.
¡Colmen entonces la medida de sus padres!

No son muertos,
Los que en dulce calma
La paz disfrutan de la tumba fría…
Muertos son los que tienen muerta el alma
Y viven todavía…

Quizás para vos y yo, que sabemos lo que es estar en gracia porque o lo estamos o  alguna vez estuvimos, aquellos que viven con el alma muerta (quizás también vos y yo), tengan todo el aspecto de hombres y mujeres elegantes, buenas, sabias,  pero por dentro se retuercen en egoísmo, maldad, soberbia, banalidad… entonces son parecidos a esos mausoleos  de ciudad, construidos con enormes dimensiones, con lujosas terminaciones, con revestimientos de mármol o granito, con puertas de bronce talladas, con vitraux maravillosos y costosos, pero adentro siempre la misma historia: difuntos, restos de lo que eran seres humanos, donde no vive nadie, con olor propio a la muerte, ya inservibles.

Y hay mucho de fariseo en nosotros, cuando escondemos con la fachada  una casa pobre y mal cuidada.
Parece raro que Jesús, siendo tan misericordioso, y bueno, tan amable y abierto a todos, tuviera palabras tan pero tan dura para con los hipócritas. Se nota que les fastidiaban mucho.
También nos critica a nosotros cuando tenemos vida de hipócritas, cuando, como la misma etimología de la palabra lo dice, nos ponemos máscaras y actuamos, desarrollando un papel que no sentimos.
Lo peor es cuando nos dejamos llevar por la “mundanidad espiritual”, como dice el Papa Francisco y aparentamos ser buenas personas, nos refugiamos en la religión o la Iglesia, o nos refugiamos hasta en una vocación que no sentimos y tenemos, con tal de mostrar una apariencia de lo que no somos.

Sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. (apocalipsis 3,15-16)

Del malo, vos y yo, la gente común sabe protegerse, del que aparenta ser bueno pero que no lo es, es más difícil, porque se confía en él, y a veces no hay como protegerse.

Jesús critica la hipocresía de aquellos hombres, y por lo mismo critica nuestras actitudes hipócritas. El hipócrita, el que vive de apariencia, no se deja sanar, nunca dejará actuar la gracia de Dios que limpia, porque no puede permitirse que lo vean frágil o vulnerable. Por eso es una buena ocasión la que nos da la Palabra para reflexionar si nuestro corazón se vuelve hipócrita o si dejamos que Jesús transparente nuestra vida, limpie desde lo más profundo el corazón, nos haga relucir desde dentro, nos de belleza interior, nos haga buenos de verdad y seamos realmente luz para los que están cerca nuestro.
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