sábado, 6 de septiembre de 2014

Lucas 6,1-5.

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. 
Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?".
Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?".
Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".

Observar el sábado parte desde aquella vida en cautiverio del pueblo de Dios que tenía que trabajar los siete días de la semana. No había tiempo para rezar, para compartir la fe, para animarse mutuamente. Entonces llegó la necesidad de reunirse un día por semana, descansar de las actividades propias, juntarse para rezar, para recitar salmos, para cantar. Si no la fe se perdería. Y entonces llegó la obligación, y esta  obligación, a lo largo de los años, se convirtió en ley más fuerte que estuvo a la par de aquellos
mandamientos primeros. Hoy diríamos que el protocolo es tan fuerte como la ley misma o como la constitución de una Nación. Se perdió el espíritu pues se pusieron tantas exigencias de los “no se debe hacer…” y los “está permitido hacer en sábado” que en definitiva se rompía el espíritu  original de una ley que había surgido como buena manera de proteger la fe. Se hicieron esclavos de la ley, y la ley no les dejaba vivir la fe en libertad.

La presencia de Jesús, el mensaje suyo, la Buena Nueva, restaura lo original, comienza desde ese “dedo de Dios” que escribe en el corazón de los hombres una ley de amor, saca los “adornos” que entorpecen la relación del hombre con su Papá bueno, con Dios, purifica la Fe, y sabe, por la intimidad con Dios Padre y Dios Espíritu Santo cual es el sentido verdadero de la Biblia, porque la conoce desde dentro.

¿Cuánto sabemos del corazón de la Biblia? Muchas veces nuestro cristianismo es puesto a prueba y nuestra falta de certezas es puesta en evidencia porque o no sabemos casi nada o creemos saber algo y opinamos y opinamos mal.
Alguna vez, en el estreno de la película Código Da Vinci, hicieron una entrevista a una pareja joven a la salida del cine a la que preguntaban por lo que acababan de ver. La respuesta fue: ¡por fin de desenmascara la mentira que nos dijeron por siglos y siglos mostrándonos la verdad, muy buena la película!... UNA PELÍCULA, no sé si lo tenía claro, era una película…a los que los sabiondos de turno le dieron formato de ley y mandamiento.

Estén siempre preparados a responder a todo  el que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen,  pero háganlo con humildad y respeto, ( 1ª Pe. 3,15)
¿Por qué cuando tenemos dudas, recurrimos a todo tipo de bibliografía y no vamos a la sede de nuestra sabiduría consultando primero por ahí? Hoy no tenemos excusas: Internet nos acerca todo con un simple click, es que a veces nos falta voluntad y nos enojamos cuando alguien nos pone en evidencia, pero a veces nos “ganan” porque no nos preparamos para dar razón de nuestra esperanza. Así como es ridículo imaginarnos en el hoy con el traje de la Primera Comunión, bueno, ese “traje”, esa formación es la que tenemos hoy, así que pasamos por ridículo por nuestra falta de conocimiento, y los que quieren hacer daño , lo consiguen. Pio XII decía: “No tengo miedo a la acción de los malos, sino al cansancio de los buenos
hoy, parece que el cansancio, se traduce en falta de voluntad, en mundanidad espiritual como dice el Papa Francisco.
Querer es poder. Querer ser mejor cristiano es una decisión que puedo tomar en libertad. Cuando uno quiere,  busca, hasta encontrar.

Buscar en el corazón de la Biblia. Allí encontraremos lo justo y necesario para sabernos Hijos de Dios. No llenar nuestra fe de actos, de tradiciones que, parece que si no las cumplimos, no somos…Jesús es el Señor del sábado. El Señor de nuestra vida. Nuestros “sábados”, lo sabemos, son los domingos. Ojalá que podamos recrear el sentido
verdadero, dándole al mismo, el sentido del descanso, del fortalecimiento de la fe, del encuentro con los hermanos, poniendo en el centro de nuestro día, ese encuentro y no tantas actividades que nos quitan el sentido: partidos de futbol, cine, dormir hasta más no poder, ( y peor cuando se lo hace después de haber dejado la vida en alguna fiesta de esas que nos apartan de la vida de Gracia).


Jesús es el Señor de nuestros domingos, lunes, martes… y no debería ser al revés.
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