miércoles, 10 de septiembre de 2014

Lucas 6,20-26.

Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! 

¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

San Lucas nos trae estas cuatro bienaventuranzas a cambio de las ocho de San Mateo. La primera, habla de los pobres y dice que el reino les pertenece, o sea ahora, ya. La segunda y la tercera, habla de situaciones actuales pero que poseerán la gracia en el futuro. Y la cuarta, habla de situaciones posibles o futuras con promesas también para el futuro. Este esquema se repite para las “maldiciones”.

No se trata se juzgar al hombre y a la mujer de acuerdo a cuán llena está la billetera. No por ser rico, ya se está condenado, no por ser pobre ya se está salvado.
 La primera bienaventuranza, Mateo la completa diciendo:”pobres de espíritu”, y esto no es una frase de Acción poética, ni inspiración para poetas o escritores de canciones: es una vida a ser vivida.
El pobre será el que confía en Dios, el que se apoya en Dios, el que escucha a Dios, el que trata de meterse en el corazón del Padre bueno, el que ora para llegar a Él, el que vive la piedad, o sea el que vive una vida de gracia, consciente, creciente y compartida, sintiéndose todos los día en manos de Dios, tratando de descubrir qué quiere Dios en su vida, tratando de hacer un mundo más conforme a los planes de Dios para esta tierra. 

El rico lo hará dando, no viviendo prendido a los bienes y seguro en las riquezas, siendo solidario y compasivo…el pobre lo hará tratando de construir un mundo mejor y posible para él y sobre todo, haciendo camino para los que vienen después de él, sin rencores, sin victimización de su situación, sin quedarse dormido en lamentaciones por lo que los otros, el gobierno, el mundo, la humanidad , les deben…

Felices los que tiene hambre, los que lloran, los que sufren situaciones de injusticias. El sufrimiento no es preludio de muerte, es como dolores de parto: sabemos que ese dolor
terminará en felicidad, en gozo. No hay mal que dure cien años, decimos.
También los que tienen hambre de justicia, los que no se cansan de luchar por un mundo más ordenado, y así a gran escala, en los ambientes de poder, como en esos pequeños lugares donde nos movemos y existimos, en la casa siendo justos con la empleada, con los hermanos, con los hijos, en la oficina procurando que no haya beneficiados y perjudicados con el trabajo, con mis empleados : no se debe dar por caridad lo que se debe dar por justicia… esa justicia del mundo comienza por esas pequeñas “justicias” cotidianas, sencillas, que deberían ser habituales y no solo  cuando son ordenadas por ley.

Felices los perseguidos:


no se trata de hacer odiar el mensaje o buscar la persecución
por tener el título de perseguido, se trata de llevar una vida coherente, y eso ya es motivo de escándalo y de división. No se trata de ser un  kamikaze de la religión, hartando a todos los que están al lado, se trata de ser creativos, sencillos como palomas y astutos como serpientes , se trata de ser otro Cristo en medio de los demás. Eso solo seguramente ya produce destrato, maltrato, indiferencia, ninguneo, burla. ¡Tranquilos!, la recompensa será grande en el cielo.



Las bienaventuranzas, son un programa de vida cristiano, un buen compromiso es  día a día hacer cosas, obras, pequeñas renuncias para acercarnos al corazón del buen Jesús.
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