viernes, 12 de septiembre de 2014

Lucas 6,39-42.

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? 
El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?
¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano."

Dice la fábula que un hospital de ciegos, todo se resolvía entre los internos, por voto y consenso. Tenían muy agudizado los cuatro sentidos sanos pero el problema venía por el sentido de la vista. Entonces  un  maestro dijo saber algo sobre los colores, y hacía discursos, y hablaba como si supiese, y entusiasmaba a todos. Se convirtió en un
pequeño dictador que lo primero que hizo fue rodearse de gente  afín y débil. Lo segundo fue que con esa gente, se apoderó de las limosnas, entonces tenía el poder. Lo tercero que hizo es decretar que todos los ciegos llevaban ropa blanca…entonces ante tamaña definición recibieron la burla de todos los demás que si veían. Fueron ante el dictador y éste los trató  de rebeldes que adoptaban las necias opiniones de las gentes que tenían vista. Eran rebeldes porque,  se atrevían a dudar de la infalibilidad de su jefe. Para calmar las aguas, el dictador decretó que toda la ropa de los ciegos es roja…otra vez la burla, la mofa de todos y hubo peleas por mucho tiempo  hasta que decidieron decretar que se acababa el tema de los colores.
Un sordo que leyó esto dijo que el problema de los ciegos había consistido en opinar  sobre los colores, pero que los sordos eran las únicas personas autorizadas para hablar de música…

palabras más, palabras menos, el problema es querer guiar a los otros cuando uno no puede ver el camino. Casi como que a un ciego le pidan que conduzca un colectivo con cincuenta personas a bordo…y así pasa, muchas veces nosotros, voluntaria o involuntariamente nos hemos dejado guiar por guías ciegos que nos han indicado el camino del fracaso y la infelicidad. Lo peor es que, sabiendo que eran ciegos, que vivían en un mundo de confusión, que vivían una vida en oscuras, que nos hablaban flasheando  de un mundo de colores, nos hemos dejado convencer, hemos buscado en lugares inadecuado las respuestas a nuestra vida y cuando menos nos dimos cuenta estábamos en un pozo del que nos costó salir.  Y muchas veces, hemos convencido también nosotros, a otros de que la ropa es blanca.

Maestros que hemos encontrado por ahí que no fueron buenos que nos dijeron qué debíamos pensar, que debíamos hacer, con que debíamos divertirnos, maestros tipo televisión que nos incitaron a la violencia, a la infidelidad, al “amor” genital express, a la no familia, a destruir la vida, a creer que la mujer es un objeto de consumo, a animalizar al varón.



Al lado opuesto está Jesús, el Maestro bueno. No es profesor. El profesor da la clase, enseña diversas asignaturas, pero no convive. El maestro convive. Su materia es la misma, lo que cambia es  su testimonio de vida, su manera de vivir aquello que enseña. La convivencia con el maestro tiene tres aspectos:
·         El maestro es el modelo o el ejemplo que hay que imitar.
·         El discípulo no sólo contempla e imita, sino que además se compromete con el destino del maestro, con sus dolores penas y alegrías.
·         No sólo imita el modelo, no sólo asume el compromiso, sino que llega a identificarse: "Vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí"

El es el maestro que tiene el ojo bien limpio para enseñarnos a vivir. Solo basta dejarse enseñar, abrir el corazón y dejar que el Espíritu nos vaya llevando por los insondables caminos que nos propone Dios y que nos llevan a la felicidad.

Jesús, Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para ser feliz?
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