martes, 23 de septiembre de 2014

Lucas 8,19-21.



Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
Entonces le anunciaron a Jesús: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".
Pero él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican". 




Venían de Nazaret a Cafarnaúm, cuarenta kilómetros. Según San Marcos, no quieren ver a Jesús, quieren llevárselo. Estaba produciendo un gran movimiento nuevo, con gente sencilla, del pueblo, y eso a los romanos, dominadores de aquella región, los ponía nerviosos y optaban por hacer desaparecer “el problema”. Seguramente su familia quería llevárselo, para evitar que le pase algo.
Sin embargo Jesús se planta y dice aquello: mi madre y mis hermanos  (familia) son los que escuchan la palabra de Dios y la practican.
Es en la Palabra que nace la nueva familia, la nueva comunidad. San Juan nos dice en la primera parte de su Evangelio (1,10-14):

“En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad”

 Esa Palabra hecha carne es el mismo Jesús y todos los que nos unimos por su Palabra somos su madre, sus hermanos, su familia nueva, su nueva comunidad. Hay una unión que supera lo físico, una unión espiritual de todos los que de una u otra manera tratamos de vivir la Palabra, y estamos unidos a Él de una manera perfecta.

¿Desprecio de Jesús a su Mamá?, no, al contrario: alabanza. Ella fue por la cual esa
Palabra vino al mundo, ella fue la primera en cumplir esa Palabra, ella fue la que estuvo unida a Jesús no solo por la relación humana madre-hijo, sino por la Palabra, por la Fe, por el cumplir la voluntad de Padre bueno. Ella para nosotros es nuestra madre porque fue madre de Jesús, y también es nuestra hermana mayor porque nos enseña a cumplir la voluntad del Padre, nos pide que hagamos lo que Él nos dice, nos acompaña como a Jesús, nos enseña a caminar, nos enseña  y estimula a  leer la Palabra, ella cocina para nosotros aquello que alimenta nuestra alma, ella nos lleva a la escuela para aprender a oír primero y vivir luego la Palabra de Dios, ella nos acompaña , como a su hijo, cuando la vida nos trae cruces que a veces se hacen insoportables.

Ojala nos sintamos parte de esa gran familia de atentos escuchas y valientes protagonistas  de la Palabra de Dios:
Cuando nos esforzamos por cambiar el mundo haciéndolo más humano y más fraterno, estamos cumpliendo la Palabra de Dios.
Cuando tratamos de dar nuestros dones o mejor dicho darnos a nosotros mismos estamos cumpliendo la Palabra de Dios.
Cuando tratamos de vivir las bienaventuranzas, estamos cumpliendo la Palabra de Dios.
Cuando  amamos a nuestros prójimos, buenos, malos, que son de nuestro agrado, o los que no lo son, a nuestros amigos y a los que nos hacen daño, estamos cumpliendo la  Palabra de Dios.
Cuando ayudamos a un pobre, enfermo, necesitado, cuando enseñamos a leer al que no sabe, corregimos al que yerra, cuando no somos indiferentes al dolor, cuando nos compadecemos, estamos cumpliendo la Palabra de Dios.
Cuando hacemos silencio y escuchamos a Dios, cuando hablamos con Él, estamos metiéndonos en la Palabra de Dios.
Cuando nos decidimos a ser otro Cristo en medio del mundo, estamos cumpliendo la Palabra de Dios.
Cuando vivimos la alegría, cuando no nos dejamos ganar por la desesperanza, cuando nos decidimos a volar porque fuimos hecho para grandes cosas, estamos cumpliendo la Palabra de Dios.

Ojalá así sea.
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