sábado, 27 de septiembre de 2014

Lucas 9,43b-45.


Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
"Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres".
Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.


La gente estaba admirada. Había una gran fascinación con Jesús, se sentían seguros, felices, era alguien que los tenía en cuenta, cercano a todos, sabía de las necesidades personales de cada uno, no le importaba si era de día o de noche, atendía a todos, era una persona, que si bien no tenía armas, podía tranquilamente refugiarlos tras sus anchas espaldas, como hizo con aquella mujer a la que salvó de una lapidación segura a causa de la infidelidad…

Entonces Jesús les dijo a los discípulos: el hijo del hombre va a ser entregado en mano de los hombres . Ellos no entendieron nada. Tampoco nosotros lo haríamos si viene alguien, incluso conocido y querido y nos dice: voy a morir dentro de cuatro días porque me van a asesinar en un asalto en mi barrio…

Y no preguntaron más, como sí lo haríamos nosotros con nuestro amigo. Pero ellos temían preguntar quizás para no darse de frente con una realidad que no querían ver, quizás  daban por hecho que ellos estarían ahí para defenderlo, quizás porque tenían miedo de quedarse solos después de haber dejado todo en su vida para seguirlo: TEMÍAN preguntar a Jesús sobre este asunto.

Nosotros si sabemos el final de la historia, como ellos lo supieron y entendieron después: Jesús entregado, mal juzgado, insultado, flagelado, clavado en una cruz , muerto por asfixia sin defenderse, perdiendo hasta lo último de sangre que le quedaba, perdonando a todos…para recién después volver a vivir, resucitar, triunfar para siempre.

Nos cuesta mucho a nosotros también ver con claridad. Metido en los recovecos de la vida, un día nos encontramos con Jesús, todo es color de rosa, la vida nos sonríe, la gracia es actuante y nos permite vivir en felicidad plena, nos emocionamos en cada eucaristía, somos felices, nos preguntamos porque no conocí antes a Jesús para no haber equivocado el camino, …pero  llega   el dolor el sufrimiento, el hambre, la falta de trabajo, la rotura familiar, la muerte de algún ser querido, un accidente, la enfermedad y preguntamos ¿por qué a mí? Es como que no queremos pensar una vida sin cruz, y la cruz, decíamos ayer, es parte del camino y no un accidente que puede o no ocurrir.
También sabemos el final: resurrección, alegría, felicidad, triunfo. Se trata de ver, aceptar y sonreír. El final vale la pena. Con Él, vamos, triunfamos, somos. Si cantamos, rezamos dos veces. Hoy nos ayuda esta oración cantada…


Para que mi amor no sea un sentimiento
Tan solo un deslumbramiento pasajero
Para no gastar las palabras más mías
Ni vaciar de contenido mi te quiero

Quiero hundir más hondo mi raíz en ti
Y cimentar en solidez, este mi afecto
Pues mi corazón que es inquieto y es frágil
Solo acierta si se abraza a tu proyecto

Mas allá, de mis miedos, más allá de mi inseguridad,
Quiero darte mi respuesta
Aquí estoy para hacer tu voluntad
Para que mi amor sea decirte si, hasta el final

Duerme en su sopor y temen en el huerto,
Ni sus amigos acompañan al maestro,
Si es hora de cruz, es de fidelidades,
Pero el mundo nunca quiere aceptar eso

Dame a comprender, Señor, tu amor tan puro
Amor que persevera en cruz, amor perfecto
Dame serte fiel cuando todo es oscuro
Para que mi amor sea mas que un sentimiento


No es en las palabras ni es en las promesas
Donde la historia tiene su motor secreto
Solo es el amor en la cruz madurado
El amor que mueve todo el universo

Pongo mi pequeña vida hoy en tus manos
Por sobre mis inseguridades y mis miedos
Y para elegir tu querer y no el mío
Hazme en mi Getsemaní, fiel y despierto.
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