jueves, 23 de octubre de 2014

Lucas 12,49-53.

Jesús dijo a sus discípulos: 
"Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres:
el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra".



¿Cuál es el sentido del fuego? Muchas veces no  entendemos a Jesús que nos dice que vino a traer fuego, cuando sabemos que vino a traernos armonía, paz, restaurar el orden de la vida, busca la fraternidad, que seamos caritativos. Y nos dice ¡como desearía que ya estuviera ardiendo!...
No hay una  imagen del fuego asociado a un solo símbolo. En la Biblia tiene distintos significados: devastación y castigo ,  también purificación e iluminación. Y si después habla de su bautismo, la imaginación con este símbolo se nos va hacia el Espíritu Santo al que siempre le hemos asociado con lenguas de fuego que caían sobre los apóstoles el día de pentecostés.

En definitiva, no deja de ser un signo de contradicción la vida de Jesús.

Muchas veces por llevar ese fuego en nuestras vidas, hemos sido motivo de contradicción entre los que nos rodean y también entre los que nos aman y amamos. Es que en el mundo de hoy y en el de cada tiempo, es muy contradictorio hablar de amor verdadero cuando se entiende al amor como solo cuestión de piel, de química, es muy difícil hablar de un amor fiel y único cuando cada vez más de habla de infidelidades, de que “se termina el amor”, de que es imposible amar siempre a una persona. Es muy difícil hablar del perdón cuando el mundo en si es vengativo y devuelve no ojo por ojo, devuelve ojos, piernas brazos, pies,  por un ojo lastimado. Es muy difícil hablar de paz cuando vivimos en un mundo en que se “caretea” siempre con la paz mundial pero en cada esquina, en cada
rincón, nos encontramos con gestos destructivos y ofensivos, con destrucciones de patotas. Cuando hablar de paz hace que te traten de tonto , de retrógrado, de vivir en una burbuja. Cuando hablar del valor de la vida hace que trate de destruirse a la persona que lo dice diciéndole cuantas barbaridades se les ocurra contando con el beneplácito de medios de comunicación social que apoyan descaradamente el aborto.

Ese fuego es el que llevamos nosotros en nuestro metro cuadrado. Somos y seremos signos de contradicción. No podemos callar lo que tenemos. Si somos paz, seamos paz, si somos caridad, seamos caridad, si somos buenos, seamos buenos, si somos del Amor, seamos amor. Un día somos  contradicción, pero con el tiempo seremos unión, fortaleza y sabrán que  en nosotros  encontrarán paz verdadera, encontrarán amor verdadero. Entonces el fuego no será devastación, sino purificación y luz para los que lo necesitan. Será abrigo al frío de la noche del mundo. Será la luz para poder ver el rostro de tantos hermanos que no se ven por la simple oscuridad de sus miradas.

Que Dios nos de la gracia de ser ese fuego que purifica cada ambiente donde vivimos, nos movemos y existimos.
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