miércoles, 5 de noviembre de 2014

Lucas 14,25-33.

 Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: 
"Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?

No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo."


Lo seguía un gran gentío camino a Jerusalén donde entregará su vida, donde cargará la cruz para entregar en ella hasta su última gota de sangre. Cruz destinada a ladrones, asesinos, malhechores y que Él, injustamente, portará para dar ejemplo de sus palabras: aquel que no cargue su cruz y me siga no puede ser mi discípulo

Entonces no era lo mismo seguirle como lo hacía aquella muchedumbre detrás suyo, a seguirle y ser su discípulo. Hoy, al escuchar las palabras de Jesús, seguramente surgiría
alguien desde la multitud que ofrezca crucecitas representativas:¡la cruz de Jesús, compre ya para seguir al Maestro!  Como esos pañuelos o pequeñas banderas que se venden en grandes manifestaciones para que cada uno los agite al paso de la figura de turno…

Entonces no es lo mismo ir detrás suyo que seguirle, no es lo mismo ser hinchas suyos que ser sus discípulos.  Decimos ser argentinos, chilenos, brasileños, españoles, porque nacimos en Argentina, Chile, Brasil, España… decimos ser cristianos porque nacimos en una familia cristiana, porque nos bautizaron, porque fuimos a colegios religiosos, porque es la fe preponderante en mi país… pero en esto, hay que hacer opción. ¿Somos cristianos porque somos del número de cristianos bautizados, o somos cristianos porque somos discípulos de Jesús? Si cada día no hacemos la opción, seremos de esos cristianos tibios minimalistas que hacen solo lo mínimo e imprescindibles para ser “socios” de una religión, yendo a misa si pero no viviendo la misa, confesándose si, pero no haciendo compromisos de ser cada día mejor y más santos, haciendo lo mínimo y hasta ahí.

Las familias de aquellos tiempos eran clanes cerrados por la condición social y
económica que se vivía. Eso impedía vivir en comunidad, formar una familia grande que supere los límites de la propia familia. Por eso aquello de Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.  Ser discípulo implica en primer término vivir la libertad de optar, y hacerlo. Significa renunciar, soltar dejar aquello que nos retiene sea esto de la familia, cosas materiales etc.  Significa vaciarse para dejar hacer a Dios en nuestra vida, significa poder elaborar un proyecto de vida , pensado,  significa optar y cuando uno opta se hace cada vez más libre porque retira de su vida aquello por lo que no optó… significa cavar
para profundizar los cimientos, significa hacer los cimientos de un edificio, (el de mi propia vida) que quiero que sea alto y fuerte, significa construir todos los días mi vida, una vida que valga la pena, significa honrar la vida y no vivirla porque el aire sigue siendo gratis.



No es lo mismo seguirlo en medio de una multitud  que optar por Él y ser su discípulo. ¿En qué grupo estás?
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