viernes, 21 de noviembre de 2014

Lucas 19,45-48.

Jesús al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones". 
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus 
palabras.

Ayer, conmovido y compasivo con Jerusalem , hoy molesto con la corrupción dentro del templo: ¡es una casa de oración! Y aprovechan para hacer ahí sus negocios y “negociados”, los nobles y los corruptos, los claros y los oscuros ¡no puede ser así!
Y aunque la imagen nos lleve a ese Templo, grandioso, a esa playa con arenas y piedras donde estaban instaladas algunas carpas con vendedores que ofrecían de todo, ladrones que se aprovechaban de la gente ¿y de Dios? para hacer sus negocios, ya el fin del templo no era el servicio a Dios, sino a ellos mismos. Sacaron a Dios de escena, las luces estaban prendidas sobre ellos, y había que pagar ese “peaje” para llegar al corazón del templo…el texto nos lleva hasta nuestro corazón.
Molestaba Jesús. Con esa acción de purificación que los jefes y los vendedores no estaban dispuestos a aceptar, con la doctrina que enseñaba, con la gente que lo seguía que ponía celosos a los dirigentes religiosos… molestaba…
Molestia que hoy sigue en curso, porque son molestos los cristianos que a veces sin decir palabras, con su testimonio se juegan por la verdad de Cristo, molestos los cristianos que no se prenden en corruptelas, sino que viven en la gracia de Dios con el :¡solo Dios basta!, …molestan los cristianos, dentro de la misma Iglesia, que quieren vivir la vida con pureza evangélica, sin servirse de Dios, sin otros intereses, sin buscar puestos de jerarquía, sin querer ganar prestigio a causa de la religión, sin “venderse” ni vender una máscara de lo que no se es, sin aprovecharse de la gente por el lugar que se ocupa…todos estos, nuevos mercaderes a los que Jesús correría con azotes hoy.
¿Cuánto tengo de esos mercaderes yo?
Un cristiano pecador, si, porque somos débiles, pero un cristiano corrupto, esto es un laico corrupto, un sacerdote corrupto, un obispo corrupto, que se quedan en el pecado, que se aprovechan de la Iglesia para sacar provecho, que hacen un propio evangelio con lo que más conviene, que sacan de su conciencia algunos “pecados” porque todo el mundo lo hace y los justifica, jefes, pastores, sacerdotes, que no son pastores sino comerciantes de la fe, que “trabajan” en esto, y todos aquellos que se aprovechan de la debilidad de tantos hermanos y les prometen curas milagrosas con secretos milenarios, etc etc… están hoy en esa playa de intercambio que el Señor corre.

Que podamos limpiar nuestras intenciones. Cuando Jesús nos habla de los puros de corazón también nos dice de esto, de las intenciones con qué y por qué hacemos las cosas de Dios. 
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