jueves, 27 de noviembre de 2014

Lucas 21,20-28.

Jesús dijo a sus discípulos: 
"Cuando vean a Jerusalén sitiada por los ejércitos, sepan que su ruina está próxima.
Los que estén en Judea, que se refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan a ella.
Porque serán días de escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse.
¡Ay de las que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo.
Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos llegue a su cumplimiento.
Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas.
Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.
Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.
Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación".
Otras señales: la destrucción de Jerusalén y desorden en el cielo y la tierra. Esa destrucción,  ocurrió entre los años 70 y 135. Había que comenzar todo de nuevo.
El desorden en el cielo y la tierra: Jesús parece usar imágenes de las profecías de Daniel.
Daniel nos cuenta un sueño: los cuatro vientos soplaban y agitaban las olas del mar, se levantaron cuatro animales: un león con alas de águila, un oso que comía todo lo que encontraba, un leopardo al que se le entregaba todo el poder y un cuarto, indescriptible, y espantoso…imágenes del desorden , del miedo,  de los cambios…  aparece un anciano que se sienta en un trono y luego , relata lo siguiente de esa visión:

Vi que venía entre las nubes
alguien parecido a un hijo de hombre,
el cual fue a donde estaba el Anciano;
y le hicieron acercarse a él
Y le fue dado el poder, la gloria y el reino,
y gente de todas las naciones y lenguas le servían.
Su poder será siempre el mismo,
y su reino jamás será destruido.

Muchas veces vemos como nuestro mundo se fue deshumanizando de a poco, incluso usamos, casi a manera de elogio, una figura animal para adjetivarnos: potro, bestia, yegua, tigre, y cuando no, usamos el famoso macho para decir lo varones y masculinos que somos. O usamos términos para descalificar y rebajar a personas: gato, loro, burro… también es increíble ver como los animales, en muchos hogares fueron reemplazando a los hijos y se dice tener el mismo cariño hacia una mascota que hacia uno que es carne de mi carne.
Una publicación de hace poco tiempo, nos cuenta lo siguiente:
xx… especialista en planificación financiera, señala que “si un perro vive 12 años, con un gasto de $390 mensuales, le estaremos destinando un total de us$ 15.000. Parece mucho, pero no tanto si se lo compara con lo que cuesta mantener un hijo hasta los 18: entre US$ 103.000 y US$ 410.000… según xx

 Es triste pero es la realidad. Solo el comparar a un animal con un hijo es algo que hace mucho ruido. Parece que de a poco estamos volviendo a ese desorden que nos cuenta el libro del Antiguo Testamento.


Siempre queda la esperanza del final. Luego de la devastación llegará la liberación. Tanto en esto como en toda la vida, debemos esperar el tiempo de Dios que no necesariamente coincide con nuestro tiempo y con nuestras urgencias. Ante el dolor o el sufrimiento, ante el cansancio o la persecución, ante la enfermedad larga o corta, ante la muerte de alguien querido, ante la falta de trabajo o de medios para lograr lo que uno necesita, ante la pequeña o gran devastación en nuestra vida, está el tiempo de Dios, viene el tiempo de Dios que siempre, siempre, ganará porque es más fuerte que cualquier miedo o adversidad. No lo olvidemos.
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