viernes, 28 de noviembre de 2014

Lucas 21,29-33.


Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
"Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." 


Señales en el cielo, señales en la tierra, señales en el comportamiento humano, señales en los gobiernos, señales, señales que podemos ver, que podemos  palpar, que podemos sentir. Es que el mundo necesita urgente un cambio de rumbo.
El Papa, hace unos días, le decía al Parlamento Europeo: “Ha llegado la hora de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana, de los valores inalienables; la Europa que abrace con valentía su pasado, y mire con confianza su futuro para vivir plenamente y con esperanza su presente…. La Europa que contempla el cielo y persigue ideales; la Europa que mira, defiende y tutela al hombre…”

Quizás sea un mensaje para todos los habitantes del mundo. Hay señales en el cielo y en la tierra, hay una brecha cada vez más profunda y ancha entre la riqueza y la pobreza, entre los ricos y los pobres, entre los que derrochan y viven sin ninguna necesidad y los inculpablemente pobres a los que les falta muchos recursos para poder sentirse dignos como personas…

 Este “llegar la hora”, no tiene que ver con capitalismo ni socialismo, con izquierda  o derecha… tiene que ver con la Palabra de Dios, con valores perdidos, con Dios alejado a propósito de nuestras vidas, instituciones, familias. Tiene que ver con que nosotros cristianos no nos cansemos de “ser buenos”, no releguemos nuestra vida religiosa y espiritual a las cuatro paredes del templo, vivamos dando testimonio de Jesús, de su Palabra, de su vida, más viva que nunca: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Tiene que ver con que cada uno sea un evangelio vivo, quizás el único que mucha gente podrá leer. Las palabras de Cristo se hacen actuales por nosotros y en nosotros. Quizás al que esté a mi lado, le falta una Biblia en casa, o la tenga llena de polvo como adorno, pero nos tiene a nosotros que somos letra viva por la cual el Señor puede seguir vivo en la humanidad…no nos cansemos de ser buenos. Así decía Pio XII: “No tengo miedo a la acción de los malos, sino al cansancio de los buenos”, si callamos, si nos ocultamos, si somos auterreferenciales viviendo en comunidades cerradas, envejecidas, solas… el mundo, nuestro mundo, el del metro cuadrado, no cambiará y  debemos callar esa parte del Padre Nuestro que dice: venga a nosotros tu reino, porque no hacemos nada a tal efecto.


Que Jesús nos ayude en esa tarea de ser evangelios vivientes. Nos dijo: todo pasará, mis Palabras no… y nos dijo: no teman, yo estoy con ustedes hasta el fin de los tiempos
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