sábado, 29 de noviembre de 2014

Lucas 21,34-36.


Jesús dijo a sus discípulos:
"Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes
como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.
Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre". 

A veces resulta extraño escuchar que a un técnico electricista le da la corriente o peor aún fallece por una descarga eléctrica. ¿No son ellos los que mejor saben las normas de cuidado y atención para con esa fuerza invisible que atraviesa cables? Si. Pero estaba descuidado o demasiado confiado.
 Aquel montañista que extrema las medidas de cuidado y uno a uno fija los apoyos para poder subir aunque pierda mucho tiempo en eso…conoce los secretos, conoce los peligros y va despacio y atento, muy atento, concentrado permanentemente pues un segundo de distracción puede ser fatal para él y los que vienen con él.
En nuestra vida  debemos estar concentrados y atentos para todo. A veces un segundo de distracción en el tránsito puede ser muy peligroso. Se nos dice que debemos evitar usar el teléfono incluso con micrófono y auricular pues aunque no tengamos las manos ocupadas agarrando el teléfono, nos distraemos al hablar y es peligroso…así en todo, debemos estar atentos y vigilantes , prevenidos para rendir un examen ,para postularnos a un empleo, para que nuestros hijos no caigan en adicciones, para que no les pase nada cuando salgan de noche… después nos puede quedar esa excusa como la de nuestro ídolo que se nos fue para alegrar a una vecindad bonita del cielo: nos pasó sin querer queriendo… es que cuando tenemos los medios para prevenir algo y no lo hacemos, caemos en la imprudencia…entonces ¿Quién podrá defendernos?

En la vida espiritual nos pasa lo mismo: la oración es la receta para estar prevenidos. Debemos rezar siempre incluso con nuestra vida , cuando vamos en colectivo, en la calle, en casa, cuando pasamos tantas horas perdidas en traslados o sin hacer nada, cuando necesitamos algo, pero también cuando debemos alabar y agradecer al Buen Dios hasta por un nuevo día que podemos ver la luz del sol. Es la manera más simple de estar vigilantes, haciendo lo que debemos hacer, sin descuidar nuestras ocupaciones, dando gloria a Dios por nuestra vida, por el sol, por la luna, por los amigos, por papá y mamá…

Hoy termina nuestro año litúrgico. Mañana comenzamos adviento. Que sea un buen día y un buen comienzo de preparación.
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