martes, 25 de noviembre de 2014

Lucas 21,5-11.

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: 
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo."


Discurso apocalíptico el de Jesús. Estos días andaremos por estos momentos hasta entrar el domingo en Adviento.
Un discurso de lo que vendrá en aquella región. Jesús habla hacia el año 33. Lucas escribe su evangelio, hacia el año 85.
En los años cincuenta, entre el año 33 y el año 85, la mayoría de las cosas mencionadas por Jesús habían acontecido ya y todos las conocían. Por ejemplo, en varias partes del mundo había guerras, aparecían falsos mesías, surgían enfermedades y pestes y, en Asia Menor, los terremotos eran frecuentes, el templo fue destruido hacia el año 70…el evangelio tenía por finalidad alentar a la esperanza,   ayudar a las comunidades a discernir mejor los signos de los tiempos para no dejarse engañar por las conversaciones de la gente sobre el fin del mundo.
Pasó ayer y pasa hoy. En épocas de confusión, hay gente que aprovecha la ocasión para tratar de sacar ventajas, asustando, confundiendo…

Hoy, también la historia quiere matar la doctrina de la Iglesia, quiere destruir el templo de la fe , quiere quitar la confianza en el Dios verdadero, quiere hacernos un dios a medida nuestra, fachero, compinche, que aliente todo lo que hacemos, bueno o malo, un dios que se embriaga y que se droga, un dios que no es fiel y que invita a no serlo, un dios perezoso que invita a seguirle, un dios  sin Dios que muestra las luces de “lo libre que se siente uno sin Dios”, un dios que domina por el dinero, que pone un billete como si fuera un estimulo por el cual correr todo el día, un dios anti familia, anti compromiso, un dios que lo único que quiere es buscar séquitos y cuando lo hace, los abandona, los deja solos, los deprime, dios que dice : soy yo, seguime… en épocas de confusión, allá y aquí, en ese tiempo y ahora, hay muchos profetas del mal… ¡NO LO SIGAN! Dice Jesús.

Si lo estamos haciendo , abramos los ojos. Son dioses que nos llevan por el camino errado, hay tiempo de volver, pensá en vos, en tu familia, en tu futuro, no te dejes engañar. Esos dioses tienen
muchos altoparlantes: escúchalos , discerní, elegí lo mejor. La cruz es nuestra señal del camino con todo lo que ella significa: lucha, esfuerzo, coraje, altruismo, trabajo, conquista, dolor… aquel dios nos dice que todo está bien, que no hay dolor, que vivas tu vida hasta reventarte… nuestro Dios nos ofrece la cruz pero después la resurrección, el triunfo.


Que sepamos elegir bien.
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